Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 137
— Una información muy útil si lo hubiéramos sabido … antes— se quejó Chester entre dientes—. ¿ Cuántas sorpresas más nos guardas, Cal? ¿ Cuántas palabras de sabiduría?
Con la intención de impedir una discusión entre los dos, Will se apresuró a intervenir, sugiriendo que hicieran un descanso. Esto calmó algo la tensión, y buscaron un sitio a la orilla del canal, se recostaron sobre las mochilas y empezaron a beberse a sorbos el agua de las cantimploras. Mirando el canal que se perdía hacia ambos lados, los tres pensaban lo mismo: que no parecía que hubiera por dónde cruzar. No tendrían más remedio que seguir por la orilla y ver adonde los llevaba.
Llevaban un buen rato sentados en silencio, cuando una especie de chirrido los sacó de su letargo. Se pusieron de pie, nerviosos, y trataron de distinguir algo en la impenetrable oscuridad. Proyectaron el haz de luz de las lámparas en la dirección en que les parecía se había producido el ruido.
Como un fantasma, apareció la proa de una embarcación en el confín mismo de la luz combinada de sus tres lámparas. Avanzaba de manera tan misteriosa y silenciosa, salvo por el leve borboteo del agua, que parpadearon preguntándose si les estarían engañando los ojos. Cuando había avanzado lo suficiente para estar plenamente a la vista, comprendieron más cosas de la embarcación: se trataba de una barcaza oxidada y de una anchura inverosímil que se hundía bastante en el agua. Unos segundos después, vieron la razón de que sobresaliera tan poco del agua: iba muy cargada, y en su parte central, la carga estaba apilada y llegaba a gran altura.
Will no se podía creer lo larga que era la barcaza, que seguía pasando y pasando. La distancia desde la orilla en que se encontraban los chicos hasta el casco de la barcaza, dos metros como mucho, era tal que si hubieran querido habrían podido saltar a bordo con facilidad. Pero estaban paralizados por una mezcla de fascinación y miedo.
Distinguieron la popa y vieron una gruesa chimenea por la que salían nubes de humo. Pudieron oír por primera vez el profundo pero amortiguado ruido de un motor. Era un sonido suave, que se parecía algo a un latido acelerado pero regular, y llegaba desde algún punto que se encontraba por debajo de la línea de flotación. Entonces vieron algo más.— Coprolitas— susurró Cal. En la popa había tres seres de apariencia pesada, uno de los cuales empuñaba el timón. Los tres muchachos observaban hipnotizados mientras se acercaban las tres
— Una información muy útil si lo hubiéramos sabido … antes— se quejó Chester entre dientes—. ¿ Cuántas sorpresas más nos guardas, Cal? ¿ Cuántas palabras de sabiduría?
Con la intención de impedir una discusión entre los dos, Will se apresuró a intervenir, sugiriendo que hicieran un descanso. Esto calmó algo la tensión, y buscaron un sitio a la orilla del canal, se recostaron sobre las mochilas y empezaron a beberse a sorbos el agua de las cantimploras. Mirando el canal que se perdía hacia ambos lados, los tres pensaban lo mismo: que no parecía que hubiera por dónde cruzar. No tendrían más remedio que seguir por la orilla y ver adonde los llevaba.
Llevaban un buen rato sentados en silencio, cuando una especie de chirrido los sacó de su letargo. Se pusieron de pie, nerviosos, y trataron de distinguir algo en la impenetrable oscuridad. Proyectaron el haz de luz de las lámparas en la dirección en que les parecía se había producido el ruido.
Como un fantasma, apareció la proa de una embarcación en el confín mismo de la luz combinada de sus tres lámparas. Avanzaba de manera tan misteriosa y silenciosa, salvo por el leve borboteo del agua, que parpadearon preguntándose si les estarían engañando los ojos. Cuando había avanzado lo suficiente para estar plenamente a la vista, comprendieron más cosas de la embarcación: se trataba de una barcaza oxidada y de una anchura inverosímil que se hundía bastante en el agua. Unos segundos después, vieron la razón de que sobresaliera tan poco del agua: iba muy cargada, y en su parte central, la carga estaba apilada y llegaba a gran altura.
Will no se podía creer lo larga que era la barcaza, que seguía pasando y pasando. La distancia desde la orilla en que se encontraban los chicos hasta el casco de la barcaza, dos metros como mucho, era tal que si hubieran querido habrían podido saltar a bordo con facilidad. Pero estaban paralizados por una mezcla de fascinación y miedo.
Distinguieron la popa y vieron una gruesa chimenea por la que salían nubes de humo. Pudieron oír por primera vez el profundo pero amortiguado ruido de un motor. Era un sonido suave, que se parecía algo a un latido acelerado pero regular, y llegaba desde algún punto que se encontraba por debajo de la línea de flotación. Entonces vieron algo más.— Coprolitas— susurró Cal. En la popa había tres seres de apariencia pesada, uno de los cuales empuñaba el timón. Los tres muchachos observaban hipnotizados mientras se acercaban las tres