Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 136
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—¿No te apetece echar un trago? —propuso Will—. Yo estoy seco.
—Muy buena idea —dijo Chester sonriendo—. A ver si alcanzamos al boy scout
que va ahí delante.
Ya casi estaban a la altura de Cal, que seguía avanzando a marchas forzadas hacia
una de las distantes luces, cuando de pronto se volvió hacia ellos:
—El tío Tam decía que los coprolitas viven en el suelo… como ratas en sus
madrigueras. Decía que tenían ciudades y bodegas que cavan en el…
—¡Cuidado! —gritó Will.
Cal se paró justo a tiempo, al borde de un oscuro vacío que se presentaba allí
donde tendría que haber habido suelo. Se tambaleó y después se cayó. Al hacerlo, sus
pies desprendieron algo de tierra suelta que fue a parar al vacío haciendo un ruido de
salpicaduras.
Mientras se levantaba, Will y Chester se acercaron al borde con precaución y
echaron un vistazo. A la luz de las lámparas pudieron distinguir que había un desnivel
de unos cuatro metros hasta la superficie negra y suavemente ondulada del agua, que
reflejaba los haces de luz de sus lámparas devolviéndoles círculos luminosos. El agua
parecía correr suavemente, nada parecido a la velocidad de la corriente subterránea
que habían encontrado antes.
—Esto está hecho por la mano del hombre —observó Will, señalando los rectos
sillares que formaban el borde. Se inclinó todo lo posible para examinar lo que había
abajo. Toda la pared del canal estaba también recubierta de sillares hasta la superficie
del agua. Y por lo que podían distinguir, el otro lado del canal tenía el mismo tipo de
construcción.
—Por la mano de coprolitas —dijo Cal en voz baja, como si hablara consigo
mismo.
—¿Qué dices? —le preguntó Will.
—Que esto lo han hecho los coprolitas —repitió en voz más alta—. Tam me dijo
una vez que tenían sistemas gigantescos de canales para conducir lo que extraían.