Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 133

vuelto y se encontraría de nuevo en sus garras. Con su gabán largo hasta los pies, que crujía con el movimiento, uno de los dos styx avanzó hacia la luz y agarró el borde de la puerta con sus dedos finos y blancos y tiró de ella hasta que sonó contra la pared de atrás. Mientras el golpe resonaba, no habló nadie. El pelo negro del styx, echado hacia atrás muy aplastado, tenía hebras de plata en las sienes, y su rostro tenía un tono claramente amarillento, además de arrugas profundas. De hecho, en medio de las mejillas las arrugas resultaban tan profundas que la cara parecía a punto de plegarse sobre sí misma. Rebecca miraba a Sarah, esperando que entrara en la cámara estanca. Sarah dudó; el instinto le gritaba que no lo hiciera. El otro styx era más difícil de observar, ya que permanecía envuelto en la penumbra, detrás de la chica. Cuando la luz lo iluminó, la primera impresión de Sarah fue que era mucho más joven que el primero, y que lucía una piel clara y un pelo de un negro muy puro. Pero al seguir mirando comprendió que era mayor de lo que le había parecido al principio. Tenía la cara delgada, hasta el punto de que las mejillas formaban hoyos, y sus ojos eran como cuevas oscuras y misteriosas. Rebecca seguía mirándola. —Vamos a entrar nosotros. Tú pasas cuando creas que estás lista —dijo—. ¿Vale, Sarah? —añadió con suavidad. El mayor de los dos styx cruzó la mirada con Rebecca, y le dirigió un simple gesto de asentimiento con la cabeza. Los tres pasaron al interior de la cámara estanca. Sarah oyó el ruido de los pies contra el suelo ondulado de aquella habitación cilíndrica y después un silbido al tiempo que se abría la segunda puerta y le daba en la cara el soplo del aire. A continuación, el silencio. Entraron en el Barrio, una serie de grandes cavernas conectadas mediante túneles, donde sólo podían vivir los ciudadanos más leales. Unos pocos de ellos podían, bajo la supervisión de los styx, comerciar con los Seres de la Superficie para adquirir aquellos productos básicos que no podían crecer ni encontrarse en la Colonia, ni tampoco en las capas inferiores, en las temidas Profundidades. El Barrio era algo parecido a una ciudad de frontera, y las condiciones de vida no eran muy saludables, pues existía la permanente posibilidad de un hundimiento, y además, de vez en cuando, había inundaciones de aguas sucias originadas por los Seres de la Superficie. Sarah ladeó la cabeza y entrecerró los ojos para intentar penetrar en la oscuridad del pozo del ascensor, que ascendía por encima de ella. Comprendió que era