Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 132

Sarah tuvo un estremecimiento. Aunque no parecía que la chica lo hubiera dicho en tono de reproche, ella encajó el comentario como un golpe dirigido al núcleo mismo de su sentimiento de culpa. Retrocedió hasta el rincón del ascensor y cruzó los brazos delante del pecho. Durante un rato no habló ninguna de las dos, mientras el ascensor proseguía su descenso entre chirridos. —Ya queda poco —anunció al fin Rebecca. —Tengo otra pregunta —dijo Sarah—. Adelante —invitó Rebecca distraídamente, consultando el reloj. —Cuando todo haya acabado, cuando yo haya hecho lo que tengo que hacer, ¿me dejaréis vivir? —Naturalmente. —Rebecca se giró con delicadeza y miró a Sarah. Sonrió de oreja a oreja—. Volverás al redil, con Cal y con tu madre. Para nosotros eres importante. —Pero ¿por qué? —preguntó Sarah con el ceño fruncido. —¿Que por qué? ¿Es que no lo entiendes? Tú eres la hija pródiga. —Rebecca sonrió aún más, pero Sarah no fue capaz de corresponder. Su mente era un mar de dudas. Tal vez tenía demasiados deseos de poder creer lo que le decía la chica. Una voz en su interior la llamaba continuamente a la prudencia, crispándole los nervios. No intentó acallarla. Había aprendido a partir de sus amargas experiencias que, si algo parecía demasiado bueno para ser cierto, era sensato hacer caso a la intuición. Finalmente, el cubículo del ascensor golpeó contra los topes al llegar al fondo, sacudiendo a sus dos ocupantes. Fuera, se movían unas sombras. Sarah atisbo un brazo envuelto en manga negra que descorrió la puerta de enrejado, y Rebecca salió con aire resuelto. «¿Será una trampa?», pensó Sarah, y la idea cayó sobre ella como un mazazo. Siguió dentro del ascensor, observando el pasillo de paredes forradas de metal, en cuya sombra permanecían dos styx. Estaban colocados a cada lado de una recia puerta de metal, a unos diez metros de distancia. Rebecca levantó la luz e hizo señas a Sarah de que la siguiera, mientras ella se dirigía hacia la puerta. Parecía la única salida que tenía el pasillo, y estaba cubierta por una pintura negra y brillante sobre la cual figuraba un tosco cero. Sarah comprendió que se hallaban en el nivel inferior y que al otro lado de la puerta habría una cámara estanca y después una última puerta, tras la cual se encontraría el Barrio. Allí estaba, a punto de dar el último paso. Si cruzaba la cámara estanca, habría