Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 114

plancha de contrachapado y penetrar de un salto en el hoyo, que la recibió con el acostumbrado y reconfortante crujido de huesecillos bajo los pies. Buscó la linterna en el bolsillo pero, aunque la encontró, no la encendió porque prefirió hacer a tientas el camino por el oscuro túnel hasta la sala de las butacas. —¿Estás ahí, gato? —preguntó encendiendo por fin la linterna. —Sarah Jerome, imagino —dijo una voz al tiempo que la cámara se iluminaba con una luz resplandeciente que no se debía sólo a la pequeña linterna de Sarah. Se protegió los ojos, asustada por lo que le había parecido ver. —¿Quién…? —preguntó, comenzando a retroceder. ¿Qué significaba aquello? Allí había una chica de unos doce o trece años, que estaba reclinada en una de las butacas, con las piernas cruzadas como una señorita y una sonrisa coqueta en su bonito rostro. Pero lo que le llamó más la atención e hizo que se le revolvieran las tripas de terror, fue que la chica iba vestida de styx: cuello grande y blanco sobre vestido negro. ¿Una niña styx? Y de pie, junto a la niña, había un colono, un grandullón de aspecto fiero y brutal. Tenía al gato sujeto del cuello por una correa y tiraba de él con fuerza para no dejarlo moverse. El instinto reemplazó al intelecto: Sarah abrió el bolso de un tirón y en menos de un segundo su navaja estaba fuera, brillando a la luz. Dejó caer el bolso, se agachó y se echó hacia atrás. Mirando a su alrededor desesperada, vio de dónde provenía la luz: había muchas esferas de luz (no hubiera podido decir cuántas) levantadas a lo largo de las paredes de la cámara, sujetas por colonos. Aquellos hombres musculosos, fuertes y bajos, se alineaban a lo largo de las paredes como estatuas inmóviles, como guardianes. Al oír la áspera e indescifrable lengua de los styx, lanzó la mirada hacia el túnel por el que había entrado. Por él, a su espalda, acababa de llegar una fila de styx con su uniforme, constituido por un gabán negro y una camisa blanca, y le habían cerrado el único paso por el que podía escapar. Había un lleno total: los Cuellos Blancos estaban bien representados allí. Estaba rodeada. De aquélla no iba a escapar. Se encontraba en una situación desesperada, completamente perdida. Había actuado con demasiada prisa y de manera insensata; no sabía en qué estaba pensando cuando entró en la excavación sin tomar