Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 108
contenido que había garabateado en el bloc que sostenía en las rodillas. Esperó unos segundos antes de volver a hablar, y lo hizo con una voz lo más tranquila que pudo.
— Realmente, es muy sencillo: soy nueva en este caso y quiero tener toda la información de los antecedentes. Lamento hacerte recordar cosas dolorosas.
Sarah sentía los ojos de la señora Burrows taladrándola como si fueran rayos X. Lentamente, se recostó contra el respaldo. Aparentemente, parecía relajada, pero por dentro se preparaba para resistir un ataque. Y el ataque empezó un instante después:— O ' Leary … ¿ Irlandesa, verdad? No tienes mucho acento.— No, mi familia se trasladó a Londres en los años sesenta. Pero de vez en cuando me voy allí de vacaciones … La señora Burrows, con el rostro lleno de animación y echando chispas por los ojos, no la dejó acabar:— Ese no es tu color de pelo natural, se te ven las raíces— observó—. Parecen blancas. Te tiñes el pelo, ¿ no?— Eh … sí, lo hago. ¿ Por qué?— Y tienes algo raro en el ojo … ¿ Es un cardenal? Y en el labio también, ¿ no lo tienes algo hinchado? No te habrá pegado alguien …— No, lo que pasa es que me caí por la escalera— respondió Sarah lacónicamente, inyectando a su voz un atisbo de indignación para que su reacción sonara creíble.—¡ Ah, sí, la famosa escalera! Si no me equivoco, llevas un montón de maquillaje encima de lo que yo diría que es una piel muy pálida.
— Eh … supongo— dijo Sarah, poniéndose nerviosa. Se estaba quedando estupefacta ante las dotes de observación de la señora Burrows. Poco a poco, pero con mano firme, le estaba quitando el disfraz, como si le quitara a una flor los pétalos uno a uno para mirar qué quedaba dentro.
Se estaba preguntando cómo podría zafarse del interrogatorio de la señora Burrows, que no mostraba señales de agotamiento, cuando vio unos globos pintados en la pared, justo sobre el hombro izquierdo de su interlocutora. Sobre los globos habían pasado una mano de pintura azul cielo, oscureciéndolos casi por completo y volviendo mates sus brillantes colores. Sarah aspiró un poco de aire y se aclaró la garganta. Después comentó:
— Sólo me quedan unas preguntas, Celia.— Tosió para disimular su incomodidad—. Perdona, me parece que estás entrando en un terreno demasiado … eh … personal.
—¿ Personal?— preguntó la señora Burrows con una risa fría—. ¿ No te parece que
contenido que había garabateado en el bloc que sostenía en las rodillas. Esperó unos segundos antes de volver a hablar, y lo hizo con una voz lo más tranquila que pudo.
— Realmente, es muy sencillo: soy nueva en este caso y quiero tener toda la información de los antecedentes. Lamento hacerte recordar cosas dolorosas.
Sarah sentía los ojos de la señora Burrows taladrándola como si fueran rayos X. Lentamente, se recostó contra el respaldo. Aparentemente, parecía relajada, pero por dentro se preparaba para resistir un ataque. Y el ataque empezó un instante después:— O ' Leary … ¿ Irlandesa, verdad? No tienes mucho acento.— No, mi familia se trasladó a Londres en los años sesenta. Pero de vez en cuando me voy allí de vacaciones … La señora Burrows, con el rostro lleno de animación y echando chispas por los ojos, no la dejó acabar:— Ese no es tu color de pelo natural, se te ven las raíces— observó—. Parecen blancas. Te tiñes el pelo, ¿ no?— Eh … sí, lo hago. ¿ Por qué?— Y tienes algo raro en el ojo … ¿ Es un cardenal? Y en el labio también, ¿ no lo tienes algo hinchado? No te habrá pegado alguien …— No, lo que pasa es que me caí por la escalera— respondió Sarah lacónicamente, inyectando a su voz un atisbo de indignación para que su reacción sonara creíble.—¡ Ah, sí, la famosa escalera! Si no me equivoco, llevas un montón de maquillaje encima de lo que yo diría que es una piel muy pálida.
— Eh … supongo— dijo Sarah, poniéndose nerviosa. Se estaba quedando estupefacta ante las dotes de observación de la señora Burrows. Poco a poco, pero con mano firme, le estaba quitando el disfraz, como si le quitara a una flor los pétalos uno a uno para mirar qué quedaba dentro.
Se estaba preguntando cómo podría zafarse del interrogatorio de la señora Burrows, que no mostraba señales de agotamiento, cuando vio unos globos pintados en la pared, justo sobre el hombro izquierdo de su interlocutora. Sobre los globos habían pasado una mano de pintura azul cielo, oscureciéndolos casi por completo y volviendo mates sus brillantes colores. Sarah aspiró un poco de aire y se aclaró la garganta. Después comentó:
— Sólo me quedan unas preguntas, Celia.— Tosió para disimular su incomodidad—. Perdona, me parece que estás entrando en un terreno demasiado … eh … personal.
—¿ Personal?— preguntó la señora Burrows con una risa fría—. ¿ No te parece que