Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 109

todas tus estúpidas preguntas son también un poco… personales? —Tengo que… —Tienes un rostro muy peculiar, Kate, pese a todos los esfuerzos que haces para disimularlo. Ahora que me fijo, creo que encuentro tu cara bastante familiar. ¿Dónde podría haberla visto? —La señora Burrows frunció el ceño e inclinó la cabeza, intentando recordar. Había algo de teatral en su actitud: se lo estaba pasando en grande. —Esto no tiene nada que ver con lo que… —¿Quién eres tú, Kate? —la cortó en seco la señora Burrows—. No me digas que eres del Servicio Social, porque a ésas las conozco, y tú eres muy distinta. Así que ¿quién eres realmente? —Creo que será mejor que lo dejemos por hoy. Tengo que marcharme —dijo Sarah decidiendo interrumpir la visita. Empezó a recoger los papeles y a meterlos en la carpeta. Se puso de pie rápidamente y estaba cogiendo su gabardina del respaldo de la silla cuando la señora Burrows saltó con sorprendente velocidad y se puso delante de la puerta, impidiéndole pasar. —¡No tan rápido! —exclamó—. Antes tengo algunas preguntas que hacerte. —Me doy cuenta de que he cometido un error viniendo a verla, señora Burrows —dijo Sarah de manera contundente echándose la gabardina sobre el brazo. Dio un paso hacia la señora Burrows, que no se movió un centímetro, y así se quedaron las dos, mirándose a la cara, como dos boxeadores profesionales que se miden uno al otro antes de luchar. Sarah se había cansado de fingir su papel, y estaba claro que la señora Burrows no sabía nada que no supiera ella sobre el paradero de Will. O que, si lo sabía, no se lo iba a decir. —Podemos terminar esta entrevista en otro momento —dijo Sarah forzando una sonrisa cortada y poniéndose de lado como si tratara de meterse entre la señora Burrows y la pared. —Quédate donde estás —le ordenó ésta—. Debes de creerte que estoy gaga. Vienes aquí vestida con esos harapos y con una actuación de segunda fila, ¿y esperas que me lo trague? —Sus ojos, cerrados hasta convertirse en dos rendijas que daban a su rostro un aspecto malvado, brillaban con la satisfacción del descubrimiento. ¿De verdad creías que no me iba a imaginar quién eras? Tienes la cara de Will, y por mucho tinte que te eches o por mucha estúpida actuación… —con el dorso de la mano pegó un manotazo a la carpeta que llevaba Sarah en los brazos—, no vas a