Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 107

por las ventanas. —Pero la policía no habrá abandonado la búsqueda de tu marido y de tu hijo, supongo —apuntó Sarah con suavidad—. ¿No has tenido ninguna noticia de ellos? —No, parece que nadie tiene ni la más remota idea de dónde se han metido. Ya sabes que mi marido me abandonó sin decir nada, y después mi hijo desapareció también de la faz de la Tierra —comentó desolada—. Bueno, lo han visto… un par de veces en el mismo Highfield. Y las cámaras de seguridad del metro grabaron imágenes de alguien que se parece a él un poco, que va con otro chico… y un perrazo. —¿Un perrazo? —Sí, es un alsaciano o algo parecido. —Movió la cabeza hacia los lados—. Pero la policía dice que no pueden comprobar nada. —Suspiró autocompasiva—. Y mi hija Rebecca está en casa de mi hermana, pero no he sabido ni una palabra de ella desde hace meses. —Bajó la voz hasta convertirla en un susurro, mientras su rostro se volvía inexpresivo—. Todos los que conozco se van… Tal vez todos encuentran un sitio mejor en el que estar. —Sólo puedo decir que lo siento mucho —dijo Sarah con voz amable y consoladora—. Tu hijo… ¿piensas que se fue en busca de tu marido? Creo haber leído que el oficial que llevaba el caso estaba considerando esa posibilidad. —De Will no me extrañaría —respondió la señora Burrows sin dejar de mirar al jardín, donde alguien había hecho esfuerzos poco entusiastas por atar unos rosales trepadores de aspecto enfermo a la pérgola de plástico que había al lado de la ventana —. No me sorprendería en absoluto. —Así que no has visto a tu hijo desde… ¿desde cuándo?, ¿desde noviembre? —No, desde antes incluso. No, no lo he visto —respondió en un suspiro. —¿Cómo estaba, cómo se encontraba él psicológicamente antes de desaparecer? —Realmente, no te lo puedo decir. Yo no estaba demasiado bien entonces, y no… —La señora Burrows se detuvo en mitad de la frase y, apartando la mirada de la rosaleda, la dirigió a Sarah—. Mira, supongo que habrás leído lo que ya he dicho, así que ¿por qué vuelves a preguntármelo? —De repente, sus modales se transformaron como si una chispa hubiera prendido la llama. Su voz volvió a adquirir su tono habitual, impaciente e irascible. Se incorporó y levantó los hombros mirando a Sarah con agresiva atención. A ésta no se le pasó por alto el cambio experimentado por la mujer que tenía enfrente. Retiró inmediatamente la mirada, fingiendo que consultaba las notas sin