Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 100

par de pantuflas de gamuza con mucho oropel, sucias y con el contrafuerte aplastado —. Me parece raro que venga a verme alguien de la familia, porque no es que queden muchos —dijo con voz un poco enternecida—. Y no me imagino que Jean haya sido capaz de levantar los reales para traer a mi hija hasta aquí… No sé nada de ninguna de las dos desde antes de Navidad. —No es nadie de la familia —intentó decirle la supervisora, pero la señora Burrows seguía hablando sin hacerle ni caso. —Y en cuanto a mi otra hermana, Bessie, como no nos hablamos… —No es nadie de la familia, es una señora del Servicio Social —logró hacerse oír la supervisora antes de abrir una de las ventanas y añadir—: Así está mejor. La señora Burrows no reaccionó ante aquella noticia. La supervisora volvió a colocar las flores del jarrón que estaba en el alféizar de la ventana y recogió los pétalos caídos antes de volverse hacia ella: —¿Y qué tal estamos hoy? —Bueno, no demasiado bien —respondió la señora Burrows, haciéndose la mártir, en tono quejumbroso y abatido, para terminar después la frase con un pequeño gemido. —No me sorprende. No es sano estar todo el día encerrada. Debería salir a tomar el aire. ¿Por qué no da un paseo por el jardín después de atender a su visita? La supervisora se detuvo y se volvió hacia la ventana, observando el jardín a través de ella, como si buscara algo. La señora Burrows se dio cuenta enseguida, y le picó la curiosidad. La supervisora se pasaba su hora de recorrido matutino organizándolo todo de forma incansable, a las personas y a las cosas, como si su misión en la vida fuera imponer un poco de orden a un mundo imperfecto. Era una dinamo humana que no paraba nunca. De hecho, era la antítesis perfecta de la señora Burrows, que había dejado en suspenso por el momento sus forcejeos con la rebelde zapatilla para observar aquel instante de inactividad de la supervisora. —¿Ocurre algo? —preguntó, incapaz de seguir por más tiempo en silencio. —No, nada… Sólo que la señora Perkiss asegura que ha vuelto a ver a ese hombre. Y muy cerca de ella, además. —¡Ah! —exclamó la señora Burrows, dando a entender que sabía de lo que le hablaba—. ¿Y cuándo ha sido eso? —A primera hora de esta mañana. —La supervisora volvió a sus tareas en el salón —. No lo puedo entender. Me parecía que la señora Perkiss estaba mejor, hasta que de