Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | страница 238

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles en aquel laberinto subterráneo de extraordinaria complejidad. Recordaba que Tam se había referido a aquella zona con ese nombre, el «Laberinto», y lo había comparado con una piedra pómez horadada por innumerables poros entrelazados que serpenteaban siguiendo rutas azarosas. Will no había pensado mucho en las palabras de su tío cuando las había pronunciado, pero en aquel momento comprendía muy bien su significado. El mismo tamaño del lugar resultaba sobrecogedor, y aunque habían avanzado aprisa por entre los pasadizos, Will calculaba que todavía les quedaba mucho. Los ayudaba considerablemente que el camino descendiera con una suave inclinación, pero eso mismo le causaba consternación, porque sabía que cada metro que descendieran tendrían que volverlo a subir antes de llegar a la Superficie. Pasó la vista del mapa a las paredes del túnel. Tenían un tono rosáceo, tal vez debido a la presencia de depósitos de hierro que podían ser el motivo de que la brújula no funcionara allí abajo: la aguja se había vuelto loca, sin quedarse en el mismo punto el rato suficiente para ofrecer alguna pista. Mirando a su alrededor, pensó que los pasadizos podía haberlos formado una burbuja de gas que hubiera quedado allí encerrada bajo una capa solidificada de cualquier material más duro, y que había buscado muchas maneras de escapar a través de la roca volcánica fundida. Sí, ésa podía ser la razón de que no hubiera túneles verticales. Y había otra posibilidad: que los hubiera ido formando el agua a lo largo del tiempo, después de que la roca se hubiera enfriado, aprovechando cualquier punto frágil por entre las rocas para irse abriendo camino. «Me pregunto qué diría mi padre», pensó antes de darse cuenta de que seguramente no volvería a verlo nunca. Ya no. Y por mucho que lo intentara, tampoco podía dejar de recordar la última mirada de Chester, cayendo por los suelos y en las garras de los styx, sin que ellos dos pudieran hacer nada para ayudarle. Había vuelto a fallarle... ¡Y Rebecca! La cosa era incontrovertible, lo había visto con sus propios ojos: ¡era una styx! A pesar de lo débil que se sentía, le hervía la sangre. Le entraban ganas de reírse a carcajadas al pensar lo preocupado que había estado por ella. Pero no había tiempo para cavilaciones. Si querían salir vivos de allí, tenían que asegurarse de no equivocar la ruta. Echó una última mirada al mapa, y lo volvió a doblar antes de reemprender el camino. —Uno dos, uno dos, uno, uno, uno dos... La fina arena roja crujía bajo sus pies. Will esperaba que ocurriera algo, ver una señal, cualquier cosa que rompiera la monotonía y les confirmara que continuaban en el camino correcto. Empezaba a desesperar de que pudieran llegar al final alguna vez, porque era posible incluso que estuvieran caminando en círculos. Así que sintió una enorme emoción cuando encontraron algo que parecía una pequeña lápida plana y redondeada por arriba, apoyada en la pared del túnel. 238