Roderick Gordon- Brian Williams Túneles
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— Uno dos, uno dos, uno, uno, uno dos...
Para atravesar los túneles, Will había adoptado el mismo ritmo rápido pero llevadero que a menudo utilizaba en sus excavaciones de Highfield para los tramos más duros de picar. Los túneles estaban secos y reinaba el silencio, no había el menor rastro de vida. Ni una sola vez la esfera iluminó una nubecilla de polvo agitada por el aire. Era como si su avance pasara desapercibido. Pero al cabo de poco tiempo empezó a notar leves centelleos ante los ojos, manchas de luz que se materializaban y después, tan repentinamente como se habían encendido, se apagaban. Observó, fascinado, hasta caer en la cuenta de que algo iba mal. Al mismo tiempo, sintió un dolor sordo en el pecho y las sienes se le humedecieron con sudor.
— Uno dos, uno dos, uno... uno... uno dos...
Aflojó el paso, sintiendo que le costaba trabajo respirar. Era algo desconcertante. No estaba seguro de qué era lo que sucedía. Al principio había pensado que no era más que cansancio; pero no: era algo más que eso. Era como si el aire, que había permanecido en aquellos túneles profundos sin que nadie lo agitara, tal vez desde tiempos prehistóricos, se comportara como un fluido lento y espeso.
— Uno dos, uno...
Se detuvo de repente, se aflojó el cuello y se masajeó los hombros por debajo de las correas de la mochila. Sintió una necesidad imperiosa, casi irresistible, de quitarse de la espalda el peso que le constreñía e incomodaba hasta lo insoportable. Le molestaban las paredes del pasadizo porque eran demasiado estrechas: lo asfixiaban. Se dejó caer de rodillas en medio del túnel y tragó varias bocanadas de aire. Después de un momento, se sintió un poco mejor e hizo el esfuerzo de ponerse en pie.
—¿ Qué te ocurre?— preguntó Cal, mirándolo con preocupación por la visera de la máscara.
—¡ Nada!— contestó Will, rebuscando el mapa en el bolsillo. No quería admitir que se sentía débil, no ante su hermano—. Es que... necesito comprobar nuestra posición.
Había asumido la responsabilidad de encontrar la ruta por entre todos aquellos giros y recodos, consciente de que un simple error podría confinarlos para siempre
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