Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 234

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles Will volvió a mirar por la ventanilla. Como si fuera una macabra película de cine mudo, contempló sin poder hacer nada la desesperación del rostro de Chester mientras peleaba valientemente con los styx. De algún modo había conseguido hacerse con la pala de Will, e intentaba mantenerlos apartados a base de golpes. Pero eran demasiados para poder resistirse cuando los styx se le echaron encima como una plaga de langostas devoradoras. Pero entonces un rostro se acercó a la ventanilla e impidió ver todo lo demás. Era el rostro de Rebecca. Frunció los labios con severidad e hizo con la cabeza un movimiento dirigido a Will, como si tratara de regañarle. Tal como había hecho durante todos aquellos años en Highfield. Le estaba diciendo algo, pero no se oía nada a través de la puerta. —Tenemos que irnos, Will. Conseguirán abrir —le apremió Cal. El apartó con dificultad los ojos de la ventanilla. Rebecca seguía diciéndole algo con el movimiento de los labios. Y, de pronto, comprendió con un escalofrío lo que estaba diciendo. Lo comprendió con exactitud. Le estaba cantando una canción. —¡Sunshine...! —exclamó con amargura—. ¡You are my sunshine! Huyeron por el pasadizo de roca, con Bartleby a la retaguardia, y llegaron a una especie de patio con forma de cúpula del que salían numerosos pasadizos. Todas las paredes estaban pulidas, y las aristas redondeadas como si el agua hubiera suavizado todas las superficies fluyendo por ellas durante siglos. Pero en aquel momento estaba seco, y las paredes se hallaban recubiertas de una especie de limo áspero, como vidrio en polvo. —Sólo tenemos una máscara —dijo Will de repente, cayendo en la cuenta. Le cogió a su hermano el artilugio de goma y lona y lo examinó. —¡Oh, no! —dijo Cal con cara abatida—. ¿Qué vamos a hacer? No podemos volver. —El aire de la Ciudad Eterna —preguntó Will—, ¿qué tiene de dañino? —El tío Tam dice que hubo una especie de plaga. Que mató a todo el mundo... —Pero el aire ya no está contaminado, ¿o sí? —se apresuró a preguntar Will, temiendo la respuesta. Cal asintió moviendo la cabeza lentamente. —Tam dice que sí. —Entonces la máscara te la pondrás tú. —¡De eso nada! Visto y no visto, Will le colocó la máscara a Cal en la cabeza, ahogando sus protestas. Su hermano se defendió intentando quitársela, pero él no se lo permitió. 234