Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
—¡Te he dicho que la llevarás tú —insistió—. Soy el mayor, así que mando yo.
Entonces Cal dejó de resistirse, mirando con angustia a través de la visera de
cristal mientras Will se aseguraba de que tenía la capucha bien colocada sobre los
hombros. Luego abrochó la correa de cuero para asegurar los tubos y el pequeño y
redondeado filtro al pecho de su hermano. Intentó no pensar qué consecuencias
podía traerle cederle la máscara a su hermano, y prefirió confiar en que la plaga fuera
sólo otra de las muchas supersticiones de los colonos.
Entonces Will sacó de la bota el mapa que le había dado Tam, contó los túneles
que tenían delante, y señaló el que debían tomar.
—¿Cómo es que te conocía esa chica styx? —A través de la capucha, la voz de Cal
sonaba confusa.
—Es mi hermana —Will bajó el mapa y lo examinó—. Ésa era mi hermana... —
declaró con desprecio—, o al menos eso es lo que yo creía.
Cal no mostró ningún signo de sorpresa, pero Will pudo notar lo asustado que
estaba por su manera de mirar el tramo de túnel que habían dejado atrás.
—La puerta no los va a detener mucho tiempo —dijo Cal, mirando nervioso a
Will.
—Chester... —dijo éste con voz desesperada, y se quedó en silencio.
—No podíamos hacer nada para ayudarle —corroboró Cal—. Tenemos suerte de
haber salido de allí con vida.
—Tal vez —aventuró Will, volviendo a comprobar el mapa. Sabía que no tenía
tiempo para pensar en Chester, al menos en aquel momento, pero después de todos
los riesgos que había corrido para salvar a su amigo, la operación había fallado en su
totalidad, y le costaba trabajo concentrarse en lo que debía hacer a continuación.
Respiró hondo—. Entonces, supongo que debemos ponernos en camino.
Y de esa forma los dos muchachos, seguidos por el gato, se pusieron a correr con
paso firme, internándose más y más en la compleja red de túneles que había de
llevarlos a la Ciudad Eterna, y desde allí, según esperaba Will, podrían salir de
nuevo a la luz del sol.
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