Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 228

Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
Estaba cada vez más incómodo, como si algo malsano y amenazador irradiara de los antiguos árboles. Se sintió mejor cuando llegaron a la casa del medio y empujaron la puerta, que se abrió girando sobre su única bisagra.
« Pasada la entrada, sigue todo recto...»
Chester cerró la puerta con el hombro mientras Will entraba en la cocina. Era más espaciosa que la de casa Jerome. Sus pasos por el suelo embaldosado levantaron una gruesa capa de polvo. Era como una tormenta en miniatura, y al brillo de la esfera de luz, cada movimiento que ellos hacían incidía en las motas de polvo que flotaban en el aire.
« Localiza el azulejo de la pared que tiene una cruz pintada.»
Will lo encontró y empujó hacia dentro. Una pequeña trampilla se abrió debajo de su mano. Dentro había un picaporte. Lo giró hacia la derecha y se abrió toda una sección de azulejos: era una puerta muy bien disimulada. Detrás de ella había una antecámara con cajas amontonadas a cada lado, y otra puerta en la pared opuesta, que no era una puerta ordinaria: estaba hecha de hierro tachonado de remaches, y tenía a un lado una manivela para abrirla.
« Es hermética. No deja entrar los gérmenes.»
Había una portilla de inspección a la altura de la cabeza, pero no se veía ninguna luz a través del cristal.
— Encárgate de subirla mientras yo busco el equipo de respiración— le ordenó Will a Chester, señalando la manivela. Su amigo se apoyó sobre ella, y se oyó un fuerte silbido en el momento en el que se despegó del suelo la gruesa goma que cerraba herméticamente la base de la puerta. Will encontró las máscaras que Tam le había dicho: viejas capuchas de lona con unos tubos de goma conectados a cilindros. Recordaban a los equipos de submarinismo antiguos.
Entonces, proveniente de la oscuridad, Will oyó un maullido lastimero. Adivinó de qué se trataba incluso antes de darse la vuelta.
—¡ Bartleby!— El gato entró correteando por el recibidor de la casa. Estuvo escarbando emocionado en el polvo, y se lanzó directo hacia la puerta secreta, metiendo el hocico y olfateando de manera inquisitiva.
—¿ Qué es eso?— Chester se quedó tan atónito por la visión del descomunal gato que soltó la manivela, la cual giró libremente mientras la puerta se deslizaba pesada por sus rieles hasta cerrarse con un estruendo. Bartleby dio un salto hacia atrás.
—¡ Por Dios, Chester, te he dicho que la abras!— le gritó Will. El chico asintió con la cabeza y volvió a empezar.—¿ Necesitáis que os eche una mano?— preguntó Cal, apareciendo de repente.—¡ No! ¡ Tú no! ¿ Qué demonios haces aquí?— preguntó Will con la voz ahogada.
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