Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 229

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles —Me voy con vosotros —respondió él, sorprendido por la reacción de su hermano. Chester hizo un alto en su labor, y paseó su mirada de Will a Cal, y de nuevo a Will. —¡Es igual que tú! Will comprendió que todo se le había ido de las manos, y los acontecimientos habían entrado en una lógica absurda, azarosa y difícil de reconducir. Los planes de Tam se hacían trizas ante sus ojos, y tenía la espantosa sensación de que los iban a atrapar a todos. Tenía que intentar que las cosas volvieran a su cauce... de algún modo... y rápido. —¡Por lo que más quieras, abre la puerta! —gritó con todas sus fuerzas, y Chester reanudó dócilmente el trabajo con la manivela. La puerta ya había subido medio metro y Bartleby metió la cabeza por debajo para echar un vistazo, se agachó y se deslizó hacia el otro lado, desapareciendo de la vista de inmediato. —Tam no sabe que estás aquí, ¿verdad? —Will agarró a su hermano por el cuello de la chaqueta. —Claro que no. He decidido que es el momento de ir a la Superficie, como mamá y tú. —Tú no vienes —gruñó Will con los dientes apretados. Entonces, al ver el dolor en el rostro de su hermano, le soltó y suavizó la voz—. Es imposible... El tío Tam te mataría si supiera que estás aquí. ¡Vuélvete a casa...! —Will no terminó la frase. Tanto él como Cal percibían el fuerte olor a amoniaco que impregnaba el aire. —¡La alarma! —exclamó Cal con ojos aterrorizados. Oyeron un gran alboroto fuera de la casa, algunos gritos y después un ruido de cristales que se rompían. Corrieron a la ventana de la cocina y miraron a través de los cristales rotos. —¡Styx! —exclamó Will con voz ahogada. Calculó que había al menos treinta alineados en un semicírculo delante de la casa, y ésos eran sólo los que él alcanzaba a ver desde el lugar en el que se encontraba. Se estremeció al imaginar cuántos serían en total. Se agachó y lanzó una mirada a Chester, que daba vueltas a la manivela de manera desesperada. El hueco era ya lo bastante grande para permitirles pasar. Will miró a su hermano y comprendió que sólo se podía hacer una cosa, porque no lo podía dejar a merced de los styx. —¡Vamos! ¡Por la puerta! —les apremió con un susurro. Cal se emocionó y empezó a darle las gracias a Will, que le puso una máscara en la mano y lo empujó hacia la puerta. 229