Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
—Me voy con vosotros —respondió él, sorprendido por la reacción de su
hermano.
Chester hizo un alto en su labor, y paseó su mirada de Will a Cal, y de nuevo a
Will.
—¡Es igual que tú!
Will comprendió que todo se le había ido de las manos, y los acontecimientos
habían entrado en una lógica absurda, azarosa y difícil de reconducir. Los planes de
Tam se hacían trizas ante sus ojos, y tenía la espantosa sensación de que los iban a
atrapar a todos. Tenía que intentar que las cosas volvieran a su cauce... de algún
modo... y rápido.
—¡Por lo que más quieras, abre la puerta! —gritó con todas sus fuerzas, y Chester
reanudó dócilmente el trabajo con la manivela. La puerta ya había subido medio
metro y Bartleby metió la cabeza por debajo para echar un vistazo, se agachó y se
deslizó hacia el otro lado, desapareciendo de la vista de inmediato.
—Tam no sabe que estás aquí, ¿verdad? —Will agarró a su hermano por el cuello
de la chaqueta.
—Claro que no. He decidido que es el momento de ir a la Superficie, como mamá
y tú.
—Tú no vienes —gruñó Will con los dientes apretados. Entonces, al ver el dolor en
el rostro de su hermano, le soltó y suavizó la voz—. Es imposible... El tío Tam te
mataría si supiera que estás aquí. ¡Vuélvete a casa...! —Will no terminó la frase. Tanto
él como Cal percibían el fuerte olor a amoniaco que impregnaba el aire.
—¡La alarma! —exclamó Cal con ojos aterrorizados.
Oyeron un gran alboroto fuera de la casa, algunos gritos y después un ruido de
cristales que se rompían. Corrieron a la ventana de la cocina y miraron a través de los
cristales rotos.
—¡Styx! —exclamó Will con voz ahogada.
Calculó que había al menos treinta alineados en un semicírculo delante de la casa,
y ésos eran sólo los que él alcanzaba a ver desde el lugar en el que se encontraba. Se
estremeció al imaginar cuántos serían en total. Se agachó y lanzó una mirada a
Chester, que daba vueltas a la manivela de manera desesperada. El hueco era ya lo
bastante grande para permitirles pasar. Will miró a su hermano y comprendió que
sólo se podía hacer una cosa, porque no lo podía dejar a merced de los styx.
—¡Vamos! ¡Por la puerta! —les apremió con un susurro.
Cal se emocionó y empezó a darle las gracias a Will, que le puso una máscara en la
mano y lo empujó hacia la puerta.
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