Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
— No me extraña que estés acalorado. Será mejor que me acompañes— invitó el segundo agente mientras levantaba la trampilla del mostrador y salía, haciendo sonar las llaves—. Tengo entendido que te has adaptado bien— comentó—. Ya me lo imaginaba... desde el momento en que te puse los ojos encima. « En el fondo es uno de los nuestros », le dije al primer agente. « Se le ve », le comenté.
Atravesaron la vieja puerta de roble y penetraron en la penumbra de los calabozos. Aquel olor que se había convertido en familiar le produjo a Will escalofríos mientras el segundo agente abría la puerta de la celda y lo invitaba a entrar. A sus ojos les costó un rato adaptarse a la oscuridad, pero luego lo vio: Chester estaba sentado en el rincón del poyo, con las rodillas bajo la barbilla. Su amigo no reaccionó de inmediato, sino que lo miró sin expresión en el rostro. Pero después, reconociéndolo de repente y sin podérselo creer, se puso en pie.
—¿ Will?— preguntó, quedándose con la boca abierta—. ¡ Will, no me lo puedo creer!
— Hola, Chester— dijo él, intentando contener la emoción. Estaba emocionado por volver a verlo, pero al mismo tiempo la descarga de adrenalina que experimentaba su cuerpo le hacía temblar.
—¿ Has venido a sacarme, Will? ¿ Puedo irme ya?— Eh... no exactamente.
Will se volvió un poco, consciente de que el segundo agente estaba justo detrás y podía oír cada palabra. Incómodo, el hombre tosió.
— Tengo que encerrarte, Jerome. Espero que lo entiendas. Son las normas— dijo mientras cerraba la puerta y daba vuelta a la llave.
—¿ Qué pasa?— preguntó Chester, notando que algo no iba bien—. ¿ Traes malas noticias?— Se separó de Will un paso.
—¿ Te encuentras bien?— preguntó éste a su vez, demasiado preocupado para responderle mientras oía al segundo agente abandonar la zona de calabozos atravesando la puerta de roble y cerrándola bien. Después llevó a Chester a un rincón de la celda y pegado a él le explicó los planes.
Unos minutos después, sucedió lo que Will no deseaba que sucediera: el segundo agente estaba de vuelta.
— Es la hora, caballeros— dijo por la ventanilla. Giró la llave y abrió la puerta. Will salió lentamente.
— Adiós, Chester. Cuando el policía se disponía a cerrar la puerta, Will le tocó el brazo.— Esperé un segundo, creo que me he dejado algo dentro— le rogó.—¿ Qué es?— preguntó el hombre.
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