Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 223

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles mejilla la caricia de sus bigotes, tan delicados como pestañas. Agitó los hombros frenéticamente y dio un salto. Aterrizó en los gemelos de Will y luego escapó en la dirección opuesta. —¡Qué asco...! —murmuró, intentando recobrar el ánimo antes de seguir. Continuó a gatas durante varias horas, y las manos empezaron a dolerle a causa de las piedras cortantes del suelo. Después, para su alivio, el pasadizo se hizo más alto y pudo ponerse casi de pie. A partir de ese momento avanzó a tal velocidad que se entusiasmó y le entraron unas irreprimibles ganas de cantar mientras doblaba las curvas del pasadizo. Pero lo pensó mejor al comprender que seguramente los centinelas de la Puerta de la Calavera no estarían muy lejos de él en aquel momento y tal vez pudieran oírle. Llegó por fin al final del pasadizo, que estaba tapado por varias capas de arpillera tiesa, que se camuflaba con la piedra. Descorrió las distintas capas y se quedó sin aliento al ver que el túnel terminaba justo debajo del techo de una caverna, a unos treinta metros en vertical del camino que pasaba por debajo. Se alegró de haber llegado tan lejos, pasada la Puerta de la Calavera, pero tuvo la certeza de que algo no estaba bien. Se encontraba a tal altura de vértigo que dio por hecho que se había equivocado de lugar. Después recordó las palabras de Tam: «Te parecerá imposible, pero tómatelo con calma. Cal lo consiguió conmigo cuando era mucho más pequeño, así que tú también podrás». Se asomó para estudiar la serie de salientes y entrantes que tenía el muro de roca por debajo de él. Después salió con prudencia por la boca del pasadizo y comenzó el descenso, comprobando una y otra vez cada punto de apoyo tanto para los pies como para las manos antes de hacer el siguiente movimiento. Llevaba recorridos no más de seis metros cuando oyó un ruido que venía de abajo. Era un gruñido de desolación. Se quedó quieto y escuchó con el corazón palpitante. Volvió a oírlo. Tenía un pie puesto en un pequeño saliente, y el otro oscilando en el aire, mientras agarraba con las manos un afloramiento mineral que tenía a la altura del pecho. Volvió lentamente la cabeza y miró hacia abajo por encima del hombro. Balanceando un farol en la mano, un hombre caminaba hacia la Puerta de la Calavera con dos escuálidas vacas que avanzaban un par de pasos por delante de él. Les iba gritando cosas mientras las conducía, ignorante de que Will pendía a unos metros por encima de él. El muchacho estaba completamente expuesto, pero no podía hacer nada para remediarlo. Se mantuvo inmóvil, rezando para que al hombre no le diera por pararse y mirar hacia arriba. Entonces sucedió justo lo que Will temía: el hombre se detuvo de repente. —¡Oh, no, todo está perdido! Desde donde estaba colgado, Will podía distinguir perfectamente la calva blanca y brillante del hombre mientras se sacaba algo que llevaba en una zamarra que le colgaba del hombro. Era una pipa de arcilla con la caña muy larga. La llenó con el 223