Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
—Acabo de enterarme... Serán seis —explicó Tam—, una pequeña multitud. A los
styx les encanta montar un espectáculo con estas cosas, porque piensan que el
sacrificio es bueno para el alma.
Volvió a fijarse en el mapa, tarareando suavemente mientras buscaba entre la
compleja maraña de líneas, hasta que al fin su dedo se posó en un diminuto
cuadrado oscuro. Entonces miró a Will, como si acabara de recordar algo.
—¿Sabes? No sería difícil... que escaparas tú solo. Pero con Chester, eso ya es
harina de otro costal. Sin embargo, he estado calentándome la cabeza —se detuvo, y
Will y Cal lo miraron a los ojos—, y creo que he dado con la solución. Sólo hay un
camino para escapar a la Superficie: a través de la Ciudad Eterna.
Will oyó a Cal ahogar un grito, y aunque sintió muchas ganas de preguntarle a su
tío por aquel lugar, no le pareció apropiado hacerlo mientras seguía hablando. Tam
explicó el plan de fuga, trazó la ruta en el plano mientras los chicos escuchaban
embelesados, tratando de que no se les escapara nada. Los túneles tenían nombres
como Watling Street, el Gran Norte y Bosque del Obispo. Will interrumpió a su tío
sólo una vez mientras hablaba, con una propuesta que, después de considerable
deliberación, Tam incorporó al plan. Aunque se mostraba serio y sereno, Will estaba
realmente muy nervioso, y sentía un nudo en la garganta.
—El problema de este plan —dijo Tam con un suspiro— es todo lo que no se
puede prever, todas las variables insospechadas. En eso no te puedo ayudar. Si te
encuentras obstáculos imprevistos, tendrás que decidir sobre la marcha... hacerlo lo
mejor que puedas. —En aquel momento, Will notó que Tam parecía perder parte de
su optimismo habitual, de aquella seguridad que era un rasgo de su carácter.
Volvió a repasar todo el plan de principio a fin, y al terminar sacó algo de un
bolsillo y se lo dio a Will.
—Aquí tienes anotada la ruta que debes seguir en cuanto salgas de la Colonia. Si
te atrapan, Dios no lo quiera, tendrás que tragarte esto.
Will desdobló con cuidado lo que le acababa de entregar su tío. Cuando estuvo
completamente abierto, resultó ser un trozo de tela del tamaño de un pañuelo. La
superficie estaba cubierta con una madeja de líneas en tinta marrón que era como un
laberinto imposible de desentrañar. Cada una de aquellas líneas representaba un
túnel. Aunque la ruta que tenía que seguir Will estaba claramente marcada en rojo
claro, Tam se apresuró a explicarle todos los pasos. Después lo miró mientras el chico
plegaba el mapa de tela, y dijo en voz baja:
—Todo tiene que ir como un reloj. Si los styx pensaran por un momento que yo
tengo algo que ver con esto, todos tus parientes se hallarían en un espantoso
peligro... No sólo sería mi fin: Cal, tu abuela y tu padre también se verían en
problemas.
218