Roderick Gordon- Brian Williams Túneles
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El fuego chisporroteaba en la chimenea y el señor Jerome estaba reclinado en una de las butacas de orejas leyendo el periódico. Las pesadas hojas de papel de cera se empeñaban en doblarse cada poco, y tenía que imprimir a su muñeca un estudiado movimiento para volver a enderezarlas. Desde la mesa, Will no alcanzaba a leer ni un solo titular. Las líneas formaban borrones incomprensibles, como huellas que un ejército de hormigas hubiera estampado en el papel.
Cal echó otra carta y aguardó la jugada de su hermano, pero Will no lograba concentrarse en la partida. Era la primera vez que estaba en la misma habitación que el padre de Cal sin ser el blanco de miradas hostiles ni de un silencioso resentimiento. Aquello representaba todo un hito en su relación.
La puerta de la calle se abrió de repente con estrépito, y los tres levantaron la vista.
—¡ Cal, Will!— gritó el tío Tam desde el recibidor, quebrando la aparente felicidad doméstica de aquella escena. Pero se calló al llegar a la sala y ver al señor Jerome, que le lanzó una mirada asesina desde la butaca.
— Lo siento, yo...
— Creí que teníamos un acuerdo— gruñó Jerome mientras se levantaba, doblaba el periódico y se lo metía bajo el brazo—. Dijimos que no entrarías en esta casa... cuando yo estuviera en ella.— Y salió del salón con paso rígido, sin dirigirle a Tam ni siquiera una mirada.
Este hizo una mueca y se sentó junto a Will. Con un gesto de complicidad de la mano, les indicó que se acercaran. Aguardó a que se dejaran de oír en la distancia los pasos del señor Jerome antes de hablar:
— El momento ha llegado— susurró, sacando del sobretodo un cilindro de metal. Quitó la tapa de uno de los extremos y lo vieron sacar de él un mapa hecho jirones y extenderlo sobre los naipes, encima de la mesa, intentando enderezar las esquinas para que se mantuviera plano. A continuación, se volvió hacia Will:
— A Chester lo destierran mañana por la tarde.
—¡ Dios mío!— Will se irguió en la silla como si hubiera recibido una descarga eléctrica—. Es muy precipitado, ¿ no?
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