Roderick Gordon- Brian Williams Túneles
—¿ Te duelen?— preguntó Cal.
— Mucho menos que antes— contestó Will. Recordó el trabajo de aquel día, desatascando canales de piedra antes de vaciar un enorme pozo comunal de aguas negras. Tuvo un estremecimiento al recordarlo. Hasta el momento, aquél había sido el peor trabajo que le habían mandado. Con los brazos doloridos, volvió a su diario, pero le sacó de su concentración el imperioso lamento de una sirena, cuyo sonido misterioso e inquietante llenó la casa. Will se puso en pie, tratando de localizar de dónde venía el sonido.
—¡ Viento negro!— Cal saltó de la cama y se lanzó como una exhalación a cerrar la ventana. Will se le acercó y vio gente en la calle que corría en todas direcciones como alma que lleva el diablo, hasta que la calle quedó completamente desierta. Emocionado, Cal señaló con el dedo; a continuación retiró la mano, viendo que el vello del brazo se le había erizado a causa del rápido aumento de la electricidad estática del aire.
—¡ Ahí llega!— Le tiró a su hermano de la manga—. ¡ Esto me encanta!
Pero no parecía que ocurriera nada. La inquietante sirena seguía sonando mientras Will, que no sabía de qué iba la cosa, miraba a todos lados de la calle vacía para descubrir cualquier cosa que se saliera de lo ordinario.
—¡ Allí, allí!— gritó Cal, mirando fijamente hacia el fondo de la caverna.
Will siguió la dirección de su mirada tratando de averiguar qué era, pero parecía como si tuviera un problema en la vista, como si los ojos no consiguieran enfocar debidamente.
Entonces vio por qué.
Una espesa nube de humo negro subía por la calle como se difunde la tinta en el agua, agitándose por dentro y oscureciéndolo todo a su paso. Mirando por la ventana, Will veía que las luces de la calle hacían el heroico esfuerzo de intentar brillar aún más fuerte mientras la niebla negra las tapaba. Era como si olas de tiniebla se cernieran sobre las sumergidas luces de un trasatlántico que se está hundiendo.
—¿ Qué es eso?— preguntó, embelesado. Apretaba la nariz contra el cristal de la ventana para ver mejor la niebla oscura que se extendía con rapidez por la calle.
— Es como una nube que viene del Interior— le dijo Cal—. La llamamos Viento de Levante. Sube desde las Profundidades inferiores, como si fuera un eructo— dijo con una risita tonta.
—¿ Es peligroso?
— No, no es más que polvo y suciedad, pero la gente cree que da mala suerte respirarlo. Dicen que es portador de gérmenes.— Se rió y después imitó el tono salmodiante de los styx—: « Pernicioso para aquellos que encuentra en su camino, a los cuales reseca la carne.»— Volvió a reírse—. Es un gran descubrimiento, ¿ a que sí?
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