Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 211

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles Los styx estaban en la cima de la pirámide jerárquica y hacían lo que querían, y justo por debajo de ellos se encontraba una pequeña élite de colonos dirigentes, a la que el señor Jerome tenía el privilegio de pertenecer. Will no tenía ni idea de lo que hacían realmente aquellos dirigentes, y por las preguntas que le hizo a Cal, parecía que él tampoco lo supiera. Después venían los colonos ordinarios y finalmente los infortunados, que o bien no podían trabajar, o bien rehusaban hacerlo, y a los que dejaban pudrirse en guetos, el mayor de los cuales era los Rookeries. Cada tarde, después de que Will se hubiera limpiado la suciedad y el sudor utilizando las rudimentarias posibilidades del que llamaban cuarto de baño en casa Jerome, Cal lo veía sentarse en la cama y tomar meticulosas notas a las que a veces añadía un dibujo si pensaba que merecía la pena. Podía ser de niños trabajando en algún vertedero. Era una escena impresionante: aquellos diminutos colonos, que eran poco más que bebés, escarbando entre los montones de basura y clasificándolo todo para que luego pudiera reutilizarse. —Todo sirve —le explicó Cal—. Tengo buenos motivos para saberlo: ¡yo también realicé ese trabajo! O podía ser un dibujo de la desolada fortaleza que estaba en el punto más apartado de la Caverna Meridional, en la que vivían los styx, que tenía una enorme verja de hierro a su alrededor. Aquel dibujo había sido el mayor reto para Will, dado que no había tenido la ocasión de acercarse. Con centinelas patrullando por las calles vecinas, no merecía la pena arriesgarse a que lo vieran mostrando demasiado interés. Cal era incapaz de comprender por qué se tomaba tanto trabajo Will en escribir su diario. Le preguntaba una y otra vez para qué lo hacía. Él le contestaba que su padre le había acostumbrado a hacerlo cada vez que encontraban algo en las excavaciones. Su padre. El doctor Burrows seguía siendo su padre para él. Y el señor Jerome, por más que pudiera ser su padre real, algo de lo que en realidad todavía no estaba convencido, se hallaba en un segundo puesto en la estima que Will profesaba a sus padres, y a enorme distancia del primero. Y seguía considerando de su familia a su desquiciada madre de la Su-perficie y a su hermana Rebecca. A pesar de lo cual, sentía tanto afecto por Cal, por el tío Tam y por la abuela Macaulay que a veces sus lealtades se le revolvían en la cabeza con la ferocidad de un tornado. Dando los últimos retoques al dibujo de una casa de la Colonia, su mente se puso a vagar, meditando sobre el viaje de su padre a las Profundidades. Will ansiaba descubrir lo que había allá abajo, y sabía que un día no muy lejano emprendería el mismo camino que su progenitor. Sin embargo, cada vez que trataba de imaginar qué era lo que le reservaba el futuro, un duro golpe lo transportaba de nuevo a la realidad, a la difícil situación de su amigo Chester, que seguía confinado en aquel abismal calabozo. Will dejó de dibujar y se frotó los callos medio despellejados de las manos, poniendo una palma contra la otra. 211