Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
Will observó cómo cogía cosas de las cajas haciendo florituras al exhibirlas ante sus espectadores, frotándolas con la manga como un vendedor poco de fiar antes de colocarlas en la mesa de caballetes. Entonces comprendió:
—¡ No me digas que está vendiendo fruta!— exclamó Will.
— Y verdura.— El chico miró a Will con curiosidad—. Los Clarke llevan comerciando con nosotros desde...
— Dios mío, ¿ qué es eso?— le interrumpió Will, señalando una extraña figura que acababa de hacerse visible al dar un paso y salir de la sombra proyectada por una torre de cajas apiladas. Sin llamar aparentemente la atención, aquel ser estaba en pie, apartado del corrillo de colonos, y examinaba una piña como si fuera un raro artefacto, mientras proseguían las ventas del gesticulante Clarke Júnior. El chico siguió la dirección que marcaba el dedo de Will hasta encontrar aquella figura detenida a la que Will acababa de referirse, que parecía humana, con brazos y piernas, pero envuelta en una especie de traje de submarinista inflado, de color hueso. Tenía forma bulbosa, como la caricatura de un hombre gordo, y la cabeza y la cara estaban completamente oscurecidas por algo que parecía una capucha. Sus grandes gafas reflejaban la luz de una farola. Parecía una babosa con forma humana, o más bien un hombre con forma de babosa.
— Por todos los demonios, ¿ es que no sabes nada?— El chico se rió con un desprecio indisimulado ante su ignorancia—. No es más que un coprolita.
Will puso cara de extrañeza.—¡ Ah, vale, un coprolita!
— De allá abajo— explicó el chaval, señalando con la mirada hacia el suelo mientras se marchaba. Will se quedó un rato para observar al extraño ser, que se movía tan despacio que le recordó a las sanguijuelas que habitaban en el lodo del fondo del acuario del colegio. Era una escena increíble: el señor Clarke Júnior con su chaqueta de color rosa vendiendo su mercancía a la multitud en las entrañas de la tierra, mientras el coprolita examinaba la piña.
Estaba pensando si debía ir a hablar con Clarke Júnior, cuando vio dos policías junto al corrillo de gente. Así que siguió su camino de inmediato, incomodado por una duda que dejó en suspenso el resto de pensamientos: si los Clarke conocían la Colonia, ¿ cuántos más en Highfíeld llevaban una doble vida?
Conforme pasaban las semanas, le asignaron a Will diversos trabajos en otras partes de la Colonia. Eso le fue proporcionando una idea del funcionamiento de aquella cultura subterránea, y decidió poner por escrito en su diario todo lo que pudiera.
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