Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
pisaba un suelo más blando, formado por piedras y sedimentos compactados. Dudó
un instante, mi rando a los otros chicos para asegurarse de que hacía lo correcto.
—Seguimos cavando, no nos detenemos —gritó el hombre de la cicatriz
alumbrando a Will con la luz de su farol, y él empezó a cavar inmediatamente. No
era una labor fácil, ni por la angostura del lugar ni por lo extraño de la herramienta
empleada, el zapapico. Y tampoco el agua facilitaba el trabajo, que rellenaba siempre
la boca del colector, por mucha prisa que se diera.
No pasó mucho tiempo antes de que Will se familiarizara con la nueva
herramienta y empezara a dominar su técnica. En cuanto cogió el ritmo, se sintió
muy bien cavando de nuevo, y por un momento olvidó todas sus preocupaciones,
mientras sacaba piedras y tierra mojada del colector. Con el agua penetrando tras
cada palada, no tardó mucho en meterse en el desagüe hasta el muslo, y los otros
chicos tenían que trabajar furiosamente para no quedarse atrás. Después, con una
sacudida estremecedora, su zapapico pegó contra algo inquebrantable.
—¡Cavamos alrededor! —ordenó el hombre de la cicatriz.
Con el sudor corriéndole por la cara sucia y escociéndole en los ojos, Will miró al
hombre de la cicatriz y después comprobó a qué altura del traje de hule le llegaba el
agua, intentando comprender el sentido de aquel trabajo. Sabía que si le preguntaba
el hombre de la cicatriz seguramente le respondería con una bronca, pero la
curiosidad lo dominaba. Estaba buscando la manera de exponer la pregunta, cuando
un grito le interrumpió antes de atreverse a formularla.
—¡Aguantad! —gritó el hombre de la cicatriz.
Will se volvió justo a tiempo de ver a uno de los chicos desapareciendo por
completo, mientras caía por lo que parecía un sumidero del tamaño de una tapa de
alcantarilla. A causa de los desesperados tirones del chaval la cuerda se tensó al
máximo clavándosele en la cintura. El hombre de la cicatriz se inclinó hacia atrás,
afianzando las botas en los escombros del suelo del túnel. Will resistía pegado contra
la pared del colector en que trabajaba.
—¡Tira de ti hacia arriba! —gritó el de la cicatriz en dirección al sumidero. Will
miró alarmado hasta que vio unos dedos mugrientos que subían por la cuerda
mientras el chico se impulsaba luchando contra el flujo del agua. Cuando se puso en
pie, vio la mirada de terror en su rostro surcado de barro.
—¡Un colector menos que desatascar! ¡Ahora los demás tenéis que daros una prisa
del demonio! —exclamó el de la cicatriz, repantigándose en el muro que tenía a su
espalda mientras sacaba una pipa y empezaba a limpiar la cazoleta con un
cortaplumas.
Will fue picando sin mirar en el sedimento fuertemente compactado que rodeaba
al objeto metido en el colector, hasta quitar la mayor parte. No sabía lo que era, pero
cuando pegaba en el objeto que obstruía el desagüe, parecía hecho de un material
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