Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 205

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles arrastrándose por estrechas grietas y arrancando negro y polvoriento carbón. Se acongojó. Tras unos minutos, salieron del túnel a una caverna más pequeña que la anterior. Lo primero que notó Will fue que allí el aire era diferente. La humedad había aumentado hasta el punto de que podía notar las gotas de agua que se condensaban en la cara, mezclándose con el sudor. Después notó que las paredes de la caverna estaban reforzadas con enormes losas de piedra caliza. Cal le había explicado que la Colonia estaba formada por una serie de cavernas interconectadas, algunas formadas por la naturaleza y otras, como aquélla, abiertas artificialmente y con muros reforzados en su mayor parte. —¡Dios mío, espero que mi padre haya visto esto! —exclamó Will en voz muy baja, lamentando no poder detenerse para disfrutar del entorno, tal vez incluso para hacer uno o dos dibujos como recuerdo del lugar. Pero tuvo que conformarse con asimilar todo lo que pudo mientras pasaban rápidamente. Había pocos edificios en aquella caverna, lo que le daba un aspecto casi rural, y al avanzar un poco más llegaron a una zona de cobertizos con vigas de roble y casitas de una sola planta, algunas independientes, pero la mayor parte excavadas en la roca. En cuanto a los residentes de aquella caverna, vio sólo a unas pocas personas que llevaban grandes bolsas de lona a la espalda, o bien empujaban carretillas cargadas. El grupo siguió al señor Tonypandy al dejar la carretera para descender a una profunda zanja cuyo fondo estaba lleno de arcilla húmeda. Resbaladiza y traidora, la arcilla se les pegaba a las botas, dificultando el avance por la serpenteante trayectoria. La zanja no tardó en desembocar en un cráter en la misma base del muro de la caverna, y el grupo se detuvo junto a dos sencillos edificios de piedra con el techo plano. Parecían saber que tenían que esperar allí, y lo hacían apoyados en las palas y los zapapicos mientras Tonypandy emprendía una viva discusión con dos hombres más viejos que habían salido de uno de los edificios. Los chicos del grupo bromeaban y charlaban animadamente entre ellos, dirigiendo de vez en cuando miradas de reojo a Will, que estaba apartado. Después el señor Tonypandy se alejó en dirección a la carretera, y uno de los viejos le gritó a Will: —Tú te vienes conmigo, Jerome. A las cabañas. Tenía una cicatriz de color rojo amoratado que le cruzaba la cara en forma de luna. Le empezaba justo encima de la boca y subía pasándole por el ojo izquierdo y la frente, dividía en dos zonas su pelo absolutamente blanco y terminaba en algún lugar en la parte de atrás de la cabeza. Pero para Will lo peor de su aspecto era el ojo, que derramaba continuas lágrimas y miraba como a través de una telaraña de manchas. Sobre el ojo, el párpado estaba tan rasgado y deshecho que, cada vez que parpadeaba, era como un limpiaparabrisas roto que no consiguiera cumplir bien su función. —¡Allí dentro, allí dentro! —bramó al ver que Will tardaba en entender. 205