Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
27
—¡Vamos, despierta!
Sin contemplaciones, Cal zarandeaba a Will y le gritaba para sacarlo de su sueño.
Al incorporarse en la estrecha cama, el chico notó que le estallaba la cabeza. Se sentía
bastante débil.
—Levanta, Will, tenemos cosas que hacer.
No sabía qué hora podía ser, pero estaba seguro de que era muy temprano. Soltó
un pequeño eructo, y la cerveza de la noche anterior le llenó la boca de un sabor
agrio. Exhaló un gemido y volvió a dejarse caer sobre la estrecha cama.
—¡Te he dicho que te levantes!
—¿Tengo que hacerlo? —protestó Will.
—El señor Tonypandy está esperando, y tiene muy poca paciencia.
«¿Cómo he llegado hasta aquí?» Con los ojos firmemente cerrados, Will
permaneció acostado, deseando volver a dormirse. Se sentía exactamente como el
primer día de colegio en todos los sentidos, tal era la sensación de terror que lo
invadía. No tenía ni idea de qué era lo que le tenían preparado, ni ganas de
averiguarlo.
—¡Will! —gritó Cal.
—Vale, vale. —Con resignación y un intenso malestar, se levantó, se vistió y siguió
a su hermano al piso de abajo, donde en la puerta les esperaba con expresión severa
un hombre bajo y robusto. Dirigió a Will una mirada de pocos amigos antes de
volverle la espalda.
—Venga, póntelo sin pérdida de tiempo. —Cal le entregó a Will un voluminoso
fardo. Al desplegarlo, se convirtió en lo que sólo podría describirse como un traje de
hule que le quedaba muy mal, incómodamente apretado bajo los brazos y en la
entrepierna. Bajó la vista para mirarse y luego para mirar a Cal, que tenía el mismo
aspecto que él.
—¡Qué ridículos nos vemos!
—Te hará falta en el lugar al que vas —repuso Cal lacónicamente.
203