Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 202

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles Aparte de esto, el tiempo avanzaba cansinamente. Chester había perdido la cuenta de cuántos días llevaba solo en el calabozo. Tal vez fuera un mes, pero no estaba seguro. Un día, se emocionó al descubrir que palpando suavemente con las yemas de los dedos, podía leer letras grabadas en la piedra de uno de los muros de la celda. Eran nombres e iniciales, algunos acompañados de cifras que podían ser fechas. Y abajo del todo, en ese muro, alguien había grabado en grandes letras mayúsculas: «YO MORÍ AQUÍ, MUY DESPACIO». Tras encontrar aquella inscripción, Chester no tuvo ganas de leer más. También había descubierto que, poniéndose de puntillas sobre el poyo forrado de plomo, podía llegar justo a las barras de un tragaluz estrecho como una rendija que había en lo alto del muro. Agarrado a aquellas barras, podía levantarse hasta conseguir ver el descuidado huerto de la cocina de la prisión. Tras él, había un tramo de carretera que terminaba penetrando en un túnel, iluminado por algunas farolas con esferas permanentemente luminosas. Chester contemplaba sin descanso aquella carretera que se adentraba en el túnel, con la levísima esperanza de que tal vez, sólo tal vez, pudiera un día llegar a ver a su amigo, a Will, que volvía para sacarlo de allí, como un caballero errante que se acercara en su caballo para luchar con el dragón. Pero Will no llegaba nunca y Chester se quedaba allí colgado, esperando y rezando con fervor mientras los nudillos se le ponían blancos a causa del esfuerzo, hasta que los brazos dejaban de sostenerlo y él volvía a caer en la oscuridad y la desesperanza del calabozo. 202