Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
—¿ Qué estará tramando con ese canalla?— preguntó Tam, volviéndose hacia Imago con el ceño fruncido.
—¿ El tipo con el que hablaba Crawfly? ¿ Quién es?— preguntó Will mirando al otro hombre, que en aquel momento cruzaba la calle y se dirigía hacia la multitud que había a la puerta de la taberna.
— No lo mires... Es Heraldo Walsh. Un asesino... Feo trabajo— advirtió Cal.— Un ladrón, lo peor de lo peor— masculló Tam.
— Pero, entonces, ¿ qué hace hablando con un styx?— preguntó Will, completamente desorientado.
— Todo tiene más entresijos de lo que parece— murmuró Tam—. Los styx son taimados. Pon un cinturón a su lado y se terminará convirtiendo en una serpiente.— Se volvió hacia Will—: Mira, puedo ayudarte con Chester, pero me tienes que prometer una cosa— susurró.
- ¿ Qué?
— Que si te cogen, nunca implicarás a Cal, ni a mí, ni a ninguno de nosotros. Aquí tenemos nuestra vida y a nuestra familia y, nos guste o no, tenemos que compartir este lugar con los cuellos blancos... los styx. Es lo malo que tiene estar aquí, y tenemos que tragar con ello. Y te lo repito: al que les toca las narices, no lo dejan nunca en paz... Hacen todo lo que pueden para atraparlo...— De repente, Tam se calló en mitad de la frase.
Will percibió la alarma en los ojos de Cal. Se dio la vuelta. Heraldo Walsh se encontraba a menos de dos metros de distancia de él. Por detrás de éste, el grupo de borrachos se separaba para dejar paso a una falange de colonos de aspecto brutal. Evidentemente, se trataba de los hombres de Walsh. Will vio el fiero odio reflejado en los rostros. Se le heló la sangre. De inmediato, Tam se puso al lado de Will.
—¿ Qué buscas, Walsh?— dijo, entornando los ojos y apretando los puños.
— Mi querido Tamarindo— dijo Heraldo Walsh con una vil sonrisa que mostraba sus dientes separados—. Sólo quería ver por mí mismo a ese Ser de la Superficie.
Will hubiera querido que se lo tragara la tierra en aquel instante.
— Así que tú eres uno de esos cerdos que nos atascan los conductos de aire y nos ensucian las casas con sus asquerosas cloacas. Mi hija murió por vuestra culpa.— Dio un paso hacia Will, levantando la mano amenazadoramente, como si fuera a agarrar al petrificado muchacho—. ¡ Ven aquí, basura apestosa!
Will tuvo miedo. Su primer impulso fue echar a correr, pero sabía que su tío no permitiría que le ocurriera nada.
— Ya basta, Walsh.— Tam dio un paso hacia el hombre para cerrarle el paso.
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