Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 181

Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
—¿ De qué, exactamente?— preguntó Will, sin sentir un ápice de simpatía por aquel señor hosco. Con él se desmoronaba por completo el posible atractivo que tenía la idea de haber hallado una nueva familia. Si no volvía a verlo nunca, mucho mejor.
— De mamá, claro está. El tío Tam dice que ella siempre fue un poco rebelde— suspiró Cal antes de quedarse en silencio.
— Pero... ¿ sucedió algo malo?
— Teníamos un hermano. Sólo era un bebé. Murió de unas fiebres. Después de eso, ella se escapó.— Al decir esto, el chico adoptó una expresión melancólica.
— Un hermano— repitió Will. Cal lo miró, sin rastro en la cara de su habitual sonrisa.— Intentaba huir con nosotros dos cuando le dieron alcance los styx.—¿ Pero escapó?
— Sí, pero por muy poco, y por eso estoy yo aquí.— Cal le dio otro mordisco a la pera, y no había terminado de masticarlo cuando volvió a hablar—: El tío Tam dice que mamá es la única persona que conoce que haya salido y siga allá arriba.
—¿ Vive todavía? Cal asintió con la cabeza.
— Por lo poco que sabemos. Pero ella quebrantó las leyes, y si quebrantas las leyes los styx no te dejan en paz, ni siquiera allá arriba. La cosa no termina cuando uno logra salir. Tarde o temprano los styx te encuentran y te castigan.
—¿ Qué tipo de castigo?
— En el caso de mamá, la pena de muerte— dijo sencillamente—. Por eso hay que andarse con tanto cuidado.
Desde algún lejano lugar, comenzó a tañer una campana. Cal se levantó y miró por la ventana.
— Siete campanadas: tenemos que irnos. Una vez fuera, Cal tomó la delantera y a Will le resultó difícil seguirlo, porque a cada zancada los pantalones nuevos le rozaban en los muslos. Se vieron inmersos en una riada humana. Las calles eran un hervidero de gente que caminaba con prisa en todas direcciones, como si todas las personas llegaran tarde a algún sitio. Eran como una bandada de pájaros ruidosos que, asustados por algo, hubieran levantado el vuelo de repente. Después de doblar varías esquinas se pusieron al final de una cola que empezaba a la entrada de un edificio de aspecto anodino que muy bien podía ser un almacén. Delante de cada una de las puertas de madera tachonadas de clavos, había un par de styx en sus poses características, inclinados como maestros a la antigua que se dispusieran a descargar golpes con la vara. Will agachó la cabeza, tratando de pasar desapercibido y evitar así la mirada de las negras pupilas de los styx, que sabía que se fijarían en él.
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