Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
—¿Cómo has dicho que se llamaba?
—Watkins... Terry Watkins.
Will repitió el nombre para sí mismo varias veces.
—Me parece que me suena de algo. —Aunque no hubiera puesto la mano en el
fuego, aquel nombre parecía despertar en él cierta aprensión.
Cal continuó comiendo, disfrutando con la confusión de Will, y de pronto éste
recordó con un sobresalto:
—¡Toda la familia desapareció!
—Sí, en efecto.
Desconcertado, Will miró a Cal.
—¡Los secuestraron!
—No hubo más remedio, se convirtieron en un problema. Watkins entró por un
conducto del aire, y no podíamos permitir que fuera por ahí contándoselo a todo el
mundo.
—Pero no puede ser, el señor Watkins era un hombre robusto. Lo conocí... Sus
hijos iban a mi colegio —dijo Will—. No, no puede ser la misma persona.
—Los pusieron a trabajar a él y a su familia —dijo Cal con frialdad.
—Pero... —titubeó Will intentando casar su recuerdo del señor Watkins con el
aspecto que tenía en aquel momento— ahora parece como si tuviera cien años. ¿Qué
le ha ocurrido?
No pudo evitar pensar en su propia situación y la de Chester. ¿Iba a ser ése su
destino: convertirse en esclavos de aquella gente?
—Como te he dicho, los pusieron a trabajar —repitió Cal cogiendo una pera para
oler su aroma. Al ver que tenía una mancha de sangre de Watkins, la limpió en la
camisa antes de darle un bocado.
Will miró a su hermano como si lo viera por vez primera, intentando
comprenderlo. El cariño que había empezado a sentir hacia él se estaba esfumando
casi por completo. En el hermano menor percibía algo que ni comprendía ni le
gustaba: una especie de resentimiento, de hostilidad incluso. Tan pronto le decía que
quería escapar de la Colonia, como, un instante después, actuaba como si se
encontrara allí completamente a gusto.
Perdió el hilo de sus pensamientos cuando Cal miró la silla vacía de su padre y
suspiró:
—Es muy duro para él, pero tienes que darle tiempo. Supongo que le traes
demasiados recuerdos.
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