Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
parecían llamitas mortecinas en lo hondo de sendas cavernas, se demoraron un
instante en Will antes de mirar a otro lado.
Viéndolo entrar y salir repetidas veces, y acercarse por turno a cada uno de ellos
arrastrando los pies para servirles la comida, llegó a la conclusión de que debía haber
sufrido grandes padecimientos, tal vez una enfermedad grave.
El primer plato consistía en una sopa rala casi transparente. Will pudo detectar un
aroma especiado, tal vez una gran cantidad de curry. Venía acompañado de un plato
de pequeñas cosas blancas, de apariencia similar a los pepinillos en salmuera. Cal y
su padre empezaron a cenar sin pérdida de tiempo, haciendo un ruido espantoso al
soplar, y mucho más al sorber el caldo de las cucharas, derramando gran cantidad de
él sobre la ropa, cosa que, sin lugar a dudas, no les preocupaba en absoluto. La
sinfonía de ruidos y sorbetones continuó en un crescendo tan ridículo que Will no
podía dejar de mirarlos, sin llegar a creérselo.
Cogió finalmente su propia cuchara, y estaba a punto de llevársela a la boca
cuando, con el rabillo del ojo, vio que se movía una de las cosas de su plato de
acompañamiento. Pensando que serían imaginaciones, devolvió al cuenco el
contenido de la cuchara y con ésta le dio vuelta a la cosa.
Se llevó un buen susto al ver que por debajo tenía una fila de diminutas patas
puntiagudas cuidadosamente dobladas. ¡Era una especie de larva!
Se puso bien derecho en la silla y observó con horror cómo la larva se curvaba
hacia atrás, abriendo sus diminutas patas puntiagudas como para saludarlo.
Lo primero que pensó fue que habría caído allí por error, así que miró los platos
de sus compañeros de mesa, preguntándose si debía comentarles algo. En aquel
mismo instante, Cal cogió una de las cosas blancas de su propio plato y la mordió,
masticándola con deleite. Apresada entre su índice y su pulgar, se retorcía la otra
mitad de la larva, rezumando un líquido que le caía por las yemas de los dedos.
Sintió náuseas, y dejó caer la cuchara en el plato de sopa con tal ruido que el
criado acudió, pero tras comprobar que no se le requería para nada, se marchó
inmediatamente. Mientras Will intentaba contener las náuseas, vio que el señor
Jerome lo miraba fijamente. Era una mirada de un odio tal que Will apartó los ojos de
inmediato. En cuanto a Cal, estaba muy atento al resto de su larva, que seguía
retorciéndose entre sus dedos, y la succionó como si se estuviera metiendo en la boca
un tallarín muy gordito. Will tuvo un estremecimiento. Le resultaba ya imposible
hacerse a la idea de tomar algo de sopa, así que se limitó a permanecer allí sentado,
sintiéndose incómodo y fuera de lugar hasta que el criado se llevó los platos.
Entonces apareció el segundo plato, que era una papilla exactamente igual de
inidentificable que el caldo. Receloso, Will empezó a removerla por todos lados para
asegurarse de que no contenía nada vivo. Como parecía todo bastante inofensivo,
probó un poco sin entusiasmo, sintiendo pavor ante cada bocado, y acompañado
todo el tiempo por el desagradable ruido que hacían sus compañeros de mesa.
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