Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 178

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles parecían llamitas mortecinas en lo hondo de sendas cavernas, se demoraron un instante en Will antes de mirar a otro lado. Viéndolo entrar y salir repetidas veces, y acercarse por turno a cada uno de ellos arrastrando los pies para servirles la comida, llegó a la conclusión de que debía haber sufrido grandes padecimientos, tal vez una enfermedad grave. El primer plato consistía en una sopa rala casi transparente. Will pudo detectar un aroma especiado, tal vez una gran cantidad de curry. Venía acompañado de un plato de pequeñas cosas blancas, de apariencia similar a los pepinillos en salmuera. Cal y su padre empezaron a cenar sin pérdida de tiempo, haciendo un ruido espantoso al soplar, y mucho más al sorber el caldo de las cucharas, derramando gran cantidad de él sobre la ropa, cosa que, sin lugar a dudas, no les preocupaba en absoluto. La sinfonía de ruidos y sorbetones continuó en un crescendo tan ridículo que Will no podía dejar de mirarlos, sin llegar a creérselo. Cogió finalmente su propia cuchara, y estaba a punto de llevársela a la boca cuando, con el rabillo del ojo, vio que se movía una de las cosas de su plato de acompañamiento. Pensando que serían imaginaciones, devolvió al cuenco el contenido de la cuchara y con ésta le dio vuelta a la cosa. Se llevó un buen susto al ver que por debajo tenía una fila de diminutas patas puntiagudas cuidadosamente dobladas. ¡Era una especie de larva! Se puso bien derecho en la silla y observó con horror cómo la larva se curvaba hacia atrás, abriendo sus diminutas patas puntiagudas como para saludarlo. Lo primero que pensó fue que habría caído allí por error, así que miró los platos de sus compañeros de mesa, preguntándose si debía comentarles algo. En aquel mismo instante, Cal cogió una de las cosas blancas de su propio plato y la mordió, masticándola con deleite. Apresada entre su índice y su pulgar, se retorcía la otra mitad de la larva, rezumando un líquido que le caía por las yemas de los dedos. Sintió náuseas, y dejó caer la cuchara en el plato de sopa con tal ruido que el criado acudió, pero tras comprobar que no se le requería para nada, se marchó inmediatamente. Mientras Will intentaba contener las náuseas, vio que el señor Jerome lo miraba fijamente. Era una mirada de un odio tal que Will apartó los ojos de inmediato. En cuanto a Cal, estaba muy atento al resto de su larva, que seguía retorciéndose entre sus dedos, y la succionó como si se estuviera metiendo en la boca un tallarín muy gordito. Will tuvo un estremecimiento. Le resultaba ya imposible hacerse a la idea de tomar algo de sopa, así que se limitó a permanecer allí sentado, sintiéndose incómodo y fuera de lugar hasta que el criado se llevó los platos. Entonces apareció el segundo plato, que era una papilla exactamente igual de inidentificable que el caldo. Receloso, Will empezó a removerla por todos lados para asegurarse de que no contenía nada vivo. Como parecía todo bastante inofensivo, probó un poco sin entusiasmo, sintiendo pavor ante cada bocado, y acompañado todo el tiempo por el desagradable ruido que hacían sus compañeros de mesa. 178