Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
de desdén al pasar a su lado, y se fue en silencio, con movimiento apático, moviendo
su cola larga, delgada y sin pelo en gesto de desafío.
—Ese vendería el alma por un trozo de rata —dijo Cal, sonriendo mientras negaba
con la cabeza.
Tras la breve visita a la cocina, Cal guió a Will por la escalera que llevaba al piso
superior, cuyos escalones crujían al pisarlos.
—Esta es la habitación de papá —dijo abriendo una puerta de color oscuro a mitad
del pasillo—. Se supone que nosotros no podemos entrar. Si nos pilla, la tenemos
montada.
Antes de seguirlo, Will volvió la vista hacia la escalera para asegurarse de que no
había peligro. El dormitorio estaba dominado por una enorme cama con dosel, tan
alto que casi tocaba el viejo techo que se combaba amenazante hacia ella. El entorno
de la cama estaba vacío, y una sola luz brillaba en un rincón.
—¿Qué había aquí? —preguntó Will al ver una fila de rectángulos de color más
claro en la pared gris.
Cal miró aquellos rectángulos fantasmales, e hizo un gesto de disgusto.
—Fotos... las había a montones antes de que papá las quitara todas.
—¿Por qué hizo eso?
—A causa de mamá... Ella había amueblado esta habitación; realmente era de ella
—contestó Cal—. Cuando se fue, papá... —Se quedó callado y, como no parecía tener
ganas de seguir con el tema, Will prefirió dejarlo por el momento. Desde luego, no se
le había olvidado que la fotografía que le había mostrado la abuela estaba escondida.
Ninguna de estas personas (ni el tío Tam, ni la abuela Macaulay, ni Cal) le había
contado la historia completa. Fueran o no su verdadera familia (y Will no podía
evitar aceptar la fantástica idea de que efectivamente lo eran), lo que era evidente es
que les faltaba mucho por contar. Y estaba decidido a enterarse del resto.
De vuelta en el pasillo, Will se detuvo para admirar una impresionante esfera de
luz sostenida por una fantasmal mano de bronce que salía de la pared.
—¿De dónde sacan estas luces? —preguntó tocando la fría superficie de la esfera.
—No lo sé. Creo que las hacen en la Caverna Occidental.
—Pero ¿cómo funcionan? Mi padre pidió a unos expertos que examinaran una,
pero no entendieron nada.
Cal miró la luz con expresión evasiva.
—La verdad es que no tengo ni idea. Lo que sé es que fueron los científicos de sir
Gabriel Martineau los que descubrieron la fórmula...
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