Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 167

Roderick Gordon - Brian Williams Túneles —¿Por qué no? Vamos a tomar una taza de té y a contarnos cosas hasta que nos pongamos al día. Entonces la anciana salió del salón y el tío Tam se sentó en la butaca que había dejado libre y que crujió al recibir su peso. Estirando las piernas, sacó una corta pipa del interior de su enorme sobretodo y la llenó del tabaco de su petaca. Después usó una astilla del fuego para prender la pipa, se dejó caer sobre el respaldo y lanzó hacia el recargado techo una nube de humo azulado, todo ello sin dejar de mirar a los dos chicos. Durante un rato, no se oyó otra cosa que el crepitar del fuego, el ronroneo de Bartleby y los sonidos distantes de la abuela en la cocina. Nadie sintió la necesidad de hablar mientras la luz parpadeante del fuego jugueteaba en las caras y arrojaba temblorosas sombras sobre las paredes de detrás. Finalmente, habló el tío Tam. —¿Sabes que tu padre de la Superficie pasó por aquí? —¿Lo vio usted? —Will se inclinó hacia el tío Tam. —No, pero he hablado con algunos que sí lo vieron. —¿Dónde está? El policía dijo que estaba a salvo. —¿A salvo? —El tío se inclinó también hacia delante, sacándose la pipa de la boca, y su cara adquirió una tremenda seriedad—. Escucha: no les creas una palabra a esos cerdos. Son todos unos ladrones y unas víboras venenosas. Son los aduladores de los styx. —Es suficiente, Tam —dijo la abuela Macaulay entrando en el salón y haciendo tintinear en sus temblorosas manos una bandeja con el servicio de té, y un plato lleno de «caprichos», como ella los llamaba: unos terrones de forma irregular glaseados por encima. Cal se levantó a ayudarla, y les pasó las tazas a Will y al tío Tam. Entonces Will se levantó para dejarle la butaca a la abuela, tras lo cual se sentó en la alfombrilla junto a Cal. —Hablábamos de mi padre... —recordó Will con algo de brusquedad, incapaz de contenerse. Tam asintió con la cabeza y volvió a encender la pipa, esparciendo nubes de humo que le envolvieron la cabeza en una neblina. —Si hubieras venido una semana antes lo habrías podido ver. Está en las Profundidades. —¿Desterrado? —Will se irguió de repente, muy preocupado al recordar el término que había utilizado Cal. —¡No, no! —exclamó Tam, gesticulando con la pipa—. ¡Ha ido voluntariamente! Es curioso, pero según todos los testimonios, ha ido por su propio deseo... No ha habido anuncio, ni espectáculo... Nada de la parafernalia con la que los styx acompañan los destierros. —Aspiró una bocanada de humo, y la expulsó muy 167