Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
—¿Por qué no? Vamos a tomar una taza de té y a contarnos cosas hasta que nos
pongamos al día.
Entonces la anciana salió del salón y el tío Tam se sentó en la butaca que había
dejado libre y que crujió al recibir su peso. Estirando las piernas, sacó una corta pipa
del interior de su enorme sobretodo y la llenó del tabaco de su petaca. Después usó
una astilla del fuego para prender la pipa, se dejó caer sobre el respaldo y lanzó hacia
el recargado techo una nube de humo azulado, todo ello sin dejar de mirar a los dos
chicos.
Durante un rato, no se oyó otra cosa que el crepitar del fuego, el ronroneo de
Bartleby y los sonidos distantes de la abuela en la cocina. Nadie sintió la necesidad
de hablar mientras la luz parpadeante del fuego jugueteaba en las caras y arrojaba
temblorosas sombras sobre las paredes de detrás. Finalmente, habló el tío Tam.
—¿Sabes que tu padre de la Superficie pasó por aquí?
—¿Lo vio usted? —Will se inclinó hacia el tío Tam.
—No, pero he hablado con algunos que sí lo vieron.
—¿Dónde está? El policía dijo que estaba a salvo.
—¿A salvo? —El tío se inclinó también hacia delante, sacándose la pipa de la boca,
y su cara adquirió una tremenda seriedad—. Escucha: no les creas una palabra a esos
cerdos. Son todos unos ladrones y unas víboras venenosas. Son los aduladores de los
styx.
—Es suficiente, Tam —dijo la abuela Macaulay entrando en el salón y haciendo
tintinear en sus temblorosas manos una bandeja con el servicio de té, y un plato lleno
de «caprichos», como ella los llamaba: unos terrones de forma irregular glaseados
por encima. Cal se levantó a ayudarla, y les pasó las tazas a Will y al tío Tam.
Entonces Will se levantó para dejarle la butaca a la abuela, tras lo cual se sentó en la
alfombrilla junto a Cal.
—Hablábamos de mi padre... —recordó Will con algo de brusquedad, incapaz de
contenerse.
Tam asintió con la cabeza y volvió a encender la pipa, esparciendo nubes de humo
que le envolvieron la cabeza en una neblina.
—Si hubieras venido una semana antes lo habrías podido ver. Está en las
Profundidades.
—¿Desterrado? —Will se irguió de repente, muy preocupado al recordar el
término que había utilizado Cal.
—¡No, no! —exclamó Tam, gesticulando con la pipa—. ¡Ha ido voluntariamente!
Es curioso, pero según todos los testimonios, ha ido por su propio deseo... No ha
habido anuncio, ni espectáculo... Nada de la parafernalia con la que los styx
acompañan los destierros. —Aspiró una bocanada de humo, y la expulsó muy
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