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Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
— Sí— dijo la abuela Macaulay con voz amable, y él asintió con la cabeza sin percatarse.
Por muy absurdo que pudiera parecer, él sabía, y lo sabía con absoluta certeza, que lo que ella decía era verdad. Que aquella mujer de la fotografía, con la cara monocroma y algo borrosa, era su auténtica madre, y que aquellas personas a las que había encontrado recientemente eran su verdadera familia. No hubiera podido explicárselo ni siquiera a sí mismo, pero lo sabía.
Las sospechas de que estaban tratando de engañarlo, y de que todo era simplemente un truco muy elaborado, se esfumaban, y por la mejilla le corrió una lágrima que dibujó una línea pálida y delicada en su cara sucia. Se apresuró a secarla con la mano. Mientras le devolvía la foto a la abuela Macaulay, sabía que la cara se le había puesto colorada.
— Cuéntame cómo es el mundo allá arriba— le pidió ella para ahorrarle la turbación.
Él se lo agradeció, quedándose de pie, incómodo, junto a la butaca de ella mientras volvía a poner la foto donde estaba, para luego darle el marco para que lo colocara en su lugar, en la repisa.
— Bueno...— empezó titubeando.
—¿ Sabes?, yo nunca he visto la luz del día ni sentido el sol en la cara. ¿ Cómo es? Dicen que quema.
De nuevo en su butaca, Will la miró. Estaba estupefacto.—¿ No ha visto nunca el sol?
— Aquí hay muy pocos que lo hayan visto— dijo Cal volviendo a entrar en el salón y agachándose sobre la alfombrilla de la chimenea, a los pies de su abuela. Empezó a masajear la floja y costrosa piel que el gato tenía bajo la barbilla. Casi de inmediato, sonó en toda la sala un potente y vibrante ronroneo.
— Venga, Will, cuéntanos cómo es— pidió la abuela Macaulay, descansando la mano en la cabeza de Cal mientras éste se apoyaba contra el brazo de su butaca.
Así que Will empezó a contarles cosas, de manera un poco vacilante al principio. Pero después, como si se hubiera desatado un torrente, habló sin parar sobre la vida en la Superficie. Le sorprendía lo fácil que era, lo a gusto que se sentía hablando con aquellas personas a las que acababa de conocer. Les habló de su familia y del colegio, obsequiándoles con historias sobre las excavaciones que había realizado con su padre, o con el hombre a quien había considerado su padre hasta aquel momento, y otras sobre su madre y su hermana.
— Quieres mucho a tu familia de la Superficie, ¿ no?— comentó la abuela, y Will sólo pudo contestar asintiendo con la cabeza. Sabía que nada de aquello, ninguna revelación referente al hecho de que tenía una familia auténtica allí en la Colonia,
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