Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
Al principio, Rebecca hizo como que se dedicaba a ordenar el desorden que los
policías dejaban tras ellos, utilizando en realidad esa actividad como excusa para
andar por la casa pillando lo que podía de las diversas conversaciones que tenían
lugar. Más tarde, como vio que nadie parecía darse cuenta de su presencia, abandonó
cualquier disimulo y sencillamente se dedicó a ir a donde le parecía, pasando la
mayor parte del tiempo en el recibidor, junto a la puerta de la sala de estar en la que
el inspector y una detective interrogaban a su madre. Por lo que pudo oír, ésta
parecía tan pronto indiferente como trastornada por la noticia, y el interrogatorio no
arrojó ni la más leve luz sobre el lugar en el que podía encontrarse Will en aquellos
momentos.
Finalmente los policías que registraban la casa salieron por la puerta principal y
estuvieron un rato fumando y hablando entre ellos. Poco después salieron también
de la sala de estar el inspector y la detective, y Rebecca los siguió hasta la puerta de
entrada. Mientras el inspector bajaba por el sendero hasta la fila de coches aparcados,
consiguió oír algunas de sus palabras:
—A ésa le falta un tornillo —le comentó a su colega.
—Qué triste —respondió la detective.
—¿Sabes...? —continuó el inspector, deteniéndose para mirar atrás, a la casa—,
perder a un miembro de la familia es mala suerte... —Su colega asentía con la
cabeza—, pero perder a dos es descaradamente sospechoso —continuó el inspector—
. Condenadamente sospechoso, para mi corto entender.
La detective volvió a asentir, con una lúgubre sonrisa en los labios.
—Será mejor que miremos detenidamente el terreno comunal, para salir de dudas
—le oyó decir Rebecca justo antes de que se alejaran demasiado para seguir
entendiendo lo que decían.
Al día siguiente, la policía envió un coche a buscarlas, e interrogaron durante
varias horas a la señora Burrows mientras hacían esperar a Rebecca en otra sala, en
compañía de una mujer de la Asistencia Social.
Ahora, tres días después, la mente de Rebecca volvía a repasar la cadena de
acontecimientos. Cerrando los ojos recordaba las caras de póquer de los policías y los
comentarios que había oído.
—¡No puede ser! —dijo mirando el reloj. Se levantó de la cama, se quitó la toalla
de la cabeza, y se vistió rápidamente.
Abajo, su madre estaba instalada en su butaca, vestida y hecha un ovillo bajo la
manta de viaje, que la envolvía como una crisálida de tela escocesa. La única luz que
había en la sala provenía de un programa de la Universidad a Distancia, con el
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