Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 150

Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
Al oír aquello, el señor Rawls empezó a hablar de manera casi incoherente, farfullando algo sobre mirar en los sitios a los que solía ir y sobre avisar a la policía mientras salía a la calle, dejando la puerta abierta.
Rebecca se quedó en el recibidor, mordiéndose el labio. Se reprochaba no haber estado más atenta. Con todo su secretismo y aquellos tejemanejes compartidos con su nuevo amigo del alma, era evidente que en las últimas semanas Will se había traído algo entre manos. Pero ¿ qué era?
Llamó a la puerta de la sala de estar y, al no obtener respuesta, entró. La sala estaba a oscuras y olía a cerrado. Se oía un ronquido regular, uniforme.
— Mamá— llamó ella con amable insistencia.—¿ Eeerg?— Mamá— dijo más fuerte, sacudiéndola por el hombro.—¿ Gué? ¿ Nooo...¿ Qué pasa?— Vamos, mamá, despierta: es importante.—¡ Noooo!— respondió una voz obstinada y soñolienta.—¡ Despierta! ¡ Will ha desaparecido!— dijo Rebecca imperiosamente.
— Déjame... en paz— gruñó su madre en medio de un bostezo, moviendo el brazo para alejar a Rebecca.
—¿ Sabes dónde ha ido? Y Chester...
—¡ Ay, veeete!— chilló su madre, volviéndose de lado en la butaca y tirando de la vieja manta de viaje para taparse hasta la cabeza. El ronquido poco profundo empezó a oírse de nuevo a medida que regresaba a su estado de hibernación. De pie y observando aquella masa informe, Rebecca lanzó un suspiro de indignación.
Fue a sentarse a la cocina. Con el número del inspector en la mano y el teléfono inalámbrico posado en la mesa, delante de ella, estuvo un rato pensando qué hacer. Hasta la madrugada no se atrevió a llamar, y como escuchó el contestador, dejó un mensaje. Mientras aguardaba la respuesta, subió a su habitación e intentó leer un libro.
La policía apareció exactamente a las 7.06. A partir de entonces, los acontecimientos se desarrollaron como por cuenta propia. La casa se llenó de policías de uniforme que revolvieron todas las habitaciones, husmeando por todos los armarios y cajones. Con las manos enfundadas en guantes de goma, empezaron por el dormitorio de Will y siguieron con el resto de la casa, terminando en el sótano, pero no debieron de encontrar gran cosa de interés. Casi le hizo gracia cuando los vio sacar las prendas de Will de la cesta de la ropa sucia en el pasillo del piso de arriba, y meterlas una por una en bolsas de plástico antes de llevárselas. Se preguntó qué tipo de información podrían extraer de sus calzoncillos sucios.
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