Roderick Gordon - Brian Williams
Túneles
22
Rebecca estaba tumbada sobre la cama, mirando al techo. Acababa de darse un
baño caliente, se había puesto la bata de color amarillo limón, y se había colocado la
toalla en el pelo, en forma de turbante. En la radio que tenía al lado de la cama había
sintonizado una emisora que transmitía música clásica, y la chica escuchaba una
melodía, que tarareaba suavemente, mientras meditaba sobre todo lo ocurrido
durante los tres últimos días.
Todo había empezado cuando la despertaron a altas horas de la noche llamando al
timbre y aporreando la puerta de la casa. Tuvo que levantarse e ir a abrir porque su
madre, con las potentes pastillas para dormir que le habían prescrito últimamente, no
estaba para el mundo: no habría podido despertarla ni una banda de trompetistas
borrachos.
Al abrir la puerta casi la tira al suelo el padre de Chester, que irrumpió en el
recibidor y la bombardeó a preguntas.
—¿Está aquí mi hijo? Todavía no ha llegado a casa. Hemos intentado llamarle al
móvil, pero no lo coge. —Tenía la cara lívida, y llevaba un impermeable beige
arrugado y con el cuello torcido, como si se lo hubiera puesto a toda prisa—.
Pensamos que igual había decidido quedarse a dormir. Está aquí, ¿no?
—Yo no... —alcanzó a responder ella cuando, al mirar en la cocina, se dio cuenta
de que el plato con la cena que le había dejado a Will estaba entero.
—Dijo que estaba ayudando a Will en un trabajo, pero... ¿está aquí? ¿Dónde está
tu hermano? ¿Puedes decirle que quiero hablar con él, por favor?
El señor Rawls hablaba atropelladamente al tiempo que echaba nerviosas miradas
al recibidor y a la escalera. Dejándolo solo con sus inquietudes, Rebecca subió
corriendo al dormitorio de Will. No se preocupó por llamar: sospechaba ya lo que iba
a encontrarse. Abrió la puerta y encendió la luz. Ni su hermano se encontraba allí, ni
la cama había sido deshecha. Volvió a apagar la luz y cerró la puerta tras ella. Bajó en
busca del padre de Chester.
—No, ni rastro de él —explicó—. Me parece que estuvo aquí por la noche. Pero no
sé dónde pueden haber ido. Tal vez...
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