Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
sonido apagado. El resplandor azul intermitente que proyectaba la pantalla de la tele hacían saltar y esconderse las sombras, dando la impresión de que los muebles y otros objetos de la habitación cobraban vida. Estaba profundamente dormida cuando la despertó un ruido en la sala. Era un susurro profundo, como si un viento fuerte se filtrara por entre las ramas de los árboles del jardín.
Abrió un poco los ojos. En el rincón más alejado de la sala, junto a las cortinas a medio correr de la cristalera, había una cosa grande y oscura. Por un momento se preguntó si estaría soñando, mientras la sombra se desplazaba y cambiaba la luz de la televisión. Tenía que averiguar qué era. Se preguntó si sería un intruso. Y en ese caso, ¿ qué iba a hacer ella? ¿ Fingir que seguía dormida? ¿ Quedarse completamente quieta para que el intruso no la molestara?
Contuvo la respiración, intentando contener también su creciente terror. Los segundos parecían horas, mientras la cosa permanecía fija. Pensó que tal vez fuera tan sólo una sombra inocente. Una broma que le gastaban la luz y su febril imaginación. Expulsó el aire de los pulmones y abrió todo lo que pudo los ojos.
De pronto se oyó un ruido que parecía el que haría un perro olfateando y, para espanto suyo, la sombra se dividió en dos partes distintas de aspecto fantasmal que se abalanzaron sobre ella a una velocidad cegadora. Al tiempo que todo se tambaleaba ante ella por efecto del terror, una voz interior le decía con serenidad y absoluta convicción: « No son fantasmas ». En una fracción de segundo, tuvo encima de ella las figuras. Intentó chillar, pero de su boca no salió sonido alguno.
Le taparon la cara con algo áspero que olía a humedad, a ropa podrida. A continuación sintió el golpe de una mano fuerte, y se retorció de dolor, intentando respirar, hasta que, como un niño recién nacido, recuperó el aliento y soltó un grito de espanto. No tuvo fuerzas suficientes para evitar que la levantaran de la butaca y la sacaran al recibidor en volandas. Gimiendo como un alma en pena, tensando y sacudiendo el cuerpo, vislumbró otra figura que se acercaba desde la puerta del sótano y otra cosa con olor a moho le cerró la boca, ahogando sus gritos. ¿ Quiénes eran? ¿ Qué buscaban? Después le vino a la mente una idea espantosa: ¡ la televisión y los aparatos de vídeo, era eso! ¡ Por eso habían asaltado la casa! Pero no era posible tamaña injusticia: eso era excesivo, era algo que se encontraba por encima de todas las demás cosas que había tenido que soportar. Se puso como una furia.
Sacó fuerzas de donde no las había, de pura desesperación. Liberó una pierna y empezó a dar patadas para rechazar a los asaltantes. Esto provocó un revuelo entre ellos para volver a inmovilizarla, pero ella siguió dando patadas y retorciéndose como una loca. Vio que la cara de uno de los atacantes estaba a su alcance: aprovechó la oportunidad y se lanzó contra él, mordiéndole la nariz con todas sus fuerzas. Agarrándolo de esa manera, la madre de Will empezó a sacudir la cabeza, como un perro que tiene una rata entre los dientes.
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