Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 124

Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
— Todo esto es como de un submarino— murmuró Chester para sí—. Es como la cámara estanca que tienen los sumergibles.
Poniéndose de puntillas, Will se asomó por la ventanilla de la puerta, pero tampoco pudo distinguir nada del otro lado. Y cuando intentó traspasar el cristal con la luz de la linterna, la grasa y las rayas del viejo cristal reflejaron la luz, de forma que la ventanilla se volvió aún más opaca que antes.
— No sirve de nada— se dijo.
Le pasó a Chester la linterna y giró los tres picaportes. A continuación empujó la puerta.
—¡ Está atascada!— gruñó. Volvió a intentarlo sin conseguirlo—. ¿ Me ayudas, Chester?
Este sumó su esfuerzo al de Will y, apoyando el hombro contra la puerta, empujaron con toda su fuerza entre los dos. Se abrió de golpe, provocando una sacudida y una intensa corriente de aire. Penetraron en lo desconocido tambaleándose. Las botas pisaron adoquines mientras ambos amigos recuperaban el paso y se enderezaban. Ante ellos tenían una escena que supieron con toda seguridad que no olvidarían nunca mientras vivieran.
¡ Era una calle!
Se encontraban ante un espacio enorme, casi tan ancho como una autopista, que se curvaba y perdía en la distancia tanto a derecha como a izquierda. Y mirando al otro lado de la calle, vieron que estaba iluminada por una fila de elevadas farolas. Pero lo que realmente les dejó sin aliento fue ver lo que había tras las farolas, al otro lado de la caverna. En una sucesión que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, en uno y otro sentido, ¡ había casas!
Como en trance, Will y Chester se internaron unos pasos en aquella aparición. Al hacerlo, la puerta se cerró detrás de ellos dando un portazo tan fuerte que los dos se volvieron.
—¿ La habrá cerrado el viento?— preguntó Chester a su amigo, desconcertado.
Como respuesta, Will se encogió de hombros. Notaba claramente en el rostro una suave corriente. Levantó la cabeza y olfateó, distinguiendo el olor a cerrado que había en el aire. Chester enfocó la linterna hacia la puerta y después la dirigió hacia arriba, iluminando los enormes bloques de piedra que formaban el muro. Fue levantando poco a poco la linterna, y los ojos siguieron el círculo de luz mientras penetraba en la oscuridad. El muro se inclinaba hasta encontrarse con el muro del lado opuesto, como en la bóveda de una enorme catedral.
—¿ Qué es todo esto, Will? ¿ Qué lugar es éste?— preguntó Chester, agarrando a su amigo por el brazo.
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