Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
que no debía encontrarse muy lejos de ellos, recorría el hueco. Oyeron después el sonido del ascensor que se aproximaba.
— Apuesto a que es el acceso a una estación del metro— dijo Chester volviéndose hacia Will, con una expresión de impaciencia en la cara.
Will arrugó el ceño, molesto.— Imposible. Te he dicho que aquí no hay nada de eso. Esto es otra cosa.
La alegría de Chester desapareció al instante, y con pesar volvió a acercarse con Will a la puerta del ascensor. Pegaron la cabeza contra la verja para que la lamparilla de los cascos iluminara el hueco.
— Si no sabemos lo que es...— dijo Chester—, todavía estamos a tiempo de volver.— Venga, no podemos abandonar, y menos ahora.
Durante un par de minutos escucharon el sonido del ascensor que se acercaba, hasta que habló Chester:
—¿ Y si está subiendo alguien en él, qué?— dijo separándose de la puerta lleno de miedo.
Pero Will se mantuvo firme.
— Espera, aún no puedo ver... está demasiado oscuro. ¡ Ya! ¡ Ahora lo veo, ahora! ¡ Es como el montacargas de una mina!
Observando con atención el montacargas mientras subía lenta y pesadamente, Will se dio cuenta de que se podía ver a través de la reja que formaba su techo. Se volvió a Chester.
— Tranquilízate: no hay nadie dentro.— No pensaba realmente que lo hubiera— contestó su amigo a la defensiva.—¡ Ya ya, gallina gigante!
Cerciorándose por sí mismo de que iba vacío, Chester negó con la cabeza y suspiró de alivio mientras el ascensor alcanzaba el nivel en el que se encontraban. Se detuvo con una estruendosa sacudida, y Will, sin perder el tiempo, abrió la puerta y entró en él. Después se volvió hacia Chester, que, en el mismo borde, dudaba, muy incómodo.
— No sé, Will, no me parece fiable— dijo repasando el interior del ascensor con la mirada. Tenía las paredes de reja y el suelo de acero muy rayado. El conjunto estaba cubierto con polvo y mugre de varios años.
—¡ Vamos, Chester, éste es nuestro gran día!— Ni por un segundo pensó Will que existiera otra posibilidad que la de bajar. Si el descubrimiento de la gruta lo había puesto eufórico, aquello sobrepasaba todas sus expectativas—. ¡ Vamos a ser famosos!— dijo riéndose.
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