Tom Sawyer
www.librosmaravillosos.com
Mark Twain
salvar la mísera vida del prisionero se disipó por completo, porque claramente se
veía que el infame se había vendido a Satán, y sería fatal entrometerse en cosas
pertenecientes a un ser tan poderoso y formidable.
-¿Por qué no te has ido? ¿Para qué necesitabas volver aquí? -preguntó alguien.
-No lo pude remediar..., no lo pude remediar -gimoteó Potter-. Quería escapar, pero
parecía que no podía ir a ninguna parte más que aquí.
Joe el Indio repitió su declaración con la misma impasibilidad pocos minutos
después, al verificarse la encuesta bajo juramento; y los dos chicos, viendo que los
rayos seguían aún sin aparecer, se afirmaron en la creencia que Joe se había
vendido al demonio. Se había convertido para ellos en el objeto más horrendo a
interesante que habían visto jamás, y no podían apartar de su cara los fascinados
ojos. Resolvieron en su interior vigilarle de noche, con la esperanza que quizá
lograsen atisbar alguna vez a su diabólico dueño y señor.
Joe ayudó a levantar el cuerpo de la víctima y a cargarlo en un carro; y se
cuchicheó entre la estremecida multitud... ¡que la herida había sangrado un poco!
Los dos muchachos pensaron que aquella feliz circunstancia encaminaría las
sospechas hacia donde debían ir; pero sufrieron un desengaño, pues varios de los
presentes hicieron notar «que ese Joe estaba a menos de una vara cuando Muff
Potter cometió el crimen».
El terrible secreto y el torcedor de la conciencia perturbaron el sueño de Tom por
más de una semana; y una mañana, durante el desayuno, dijo Sid:
-Das tantas vueltas en la cama y hablas tanto mientras duermes, que me tienes
despierto la mitad de la noche.
Tom palideció y bajó los ojos.
-Mala señal es ésa -dijo gravemente tía Polly-. ¿Qué traes en las mientes, Tom?
-Nada. Nada, que yo sepa... -pero la mano le temblaba de tal manera que vertió el
café.
-¡Y hablas unas cosas! -continuó Sid-. Anoche decías: « ¡Es sangre, es sangre!, ¡eso
es!» Y lo dijiste la mar de veces. Y también decías: « ¡No me atormentéis así..., ya
lo diré!» ¿Dirás qué? ¿Qué es lo que ibas a decir? El mundo daba vueltas ante Tom.
No es posible saber lo que hubiera pasado; pero, felizmente, en la cara de tía Polly
se disipó la preocupación, y sin saberlo vino en ayuda de su sobrino.
79
Preparado por Patricio Barros