TOM SOWYER Tom Sawyer - Mark Twain | Page 79

Tom Sawyer www.librosmaravillosos.com Mark Twain salvar la mísera vida del prisionero se disipó por completo, porque claramente se veía que el infame se había vendido a Satán, y sería fatal entrometerse en cosas pertenecientes a un ser tan poderoso y formidable. -¿Por qué no te has ido? ¿Para qué necesitabas volver aquí? -preguntó alguien. -No lo pude remediar..., no lo pude remediar -gimoteó Potter-. Quería escapar, pero parecía que no podía ir a ninguna parte más que aquí. Joe el Indio repitió su declaración con la misma impasibilidad pocos minutos después, al verificarse la encuesta bajo juramento; y los dos chicos, viendo que los rayos seguían aún sin aparecer, se afirmaron en la creencia que Joe se había vendido al demonio. Se había convertido para ellos en el objeto más horrendo a interesante que habían visto jamás, y no podían apartar de su cara los fascinados ojos. Resolvieron en su interior vigilarle de noche, con la esperanza que quizá lograsen atisbar alguna vez a su diabólico dueño y señor. Joe ayudó a levantar el cuerpo de la víctima y a cargarlo en un carro; y se cuchicheó entre la estremecida multitud... ¡que la herida había sangrado un poco! Los dos muchachos pensaron que aquella feliz circunstancia encaminaría las sospechas hacia donde debían ir; pero sufrieron un desengaño, pues varios de los presentes hicieron notar «que ese Joe estaba a menos de una vara cuando Muff Potter cometió el crimen». El terrible secreto y el torcedor de la conciencia perturbaron el sueño de Tom por más de una semana; y una mañana, durante el desayuno, dijo Sid: -Das tantas vueltas en la cama y hablas tanto mientras duermes, que me tienes despierto la mitad de la noche. Tom palideció y bajó los ojos. -Mala señal es ésa -dijo gravemente tía Polly-. ¿Qué traes en las mientes, Tom? -Nada. Nada, que yo sepa... -pero la mano le temblaba de tal manera que vertió el café. -¡Y hablas unas cosas! -continuó Sid-. Anoche decías: « ¡Es sangre, es sangre!, ¡eso es!» Y lo dijiste la mar de veces. Y también decías: « ¡No me atormentéis así..., ya lo diré!» ¿Dirás qué? ¿Qué es lo que ibas a decir? El mundo daba vueltas ante Tom. No es posible saber lo que hubiera pasado; pero, felizmente, en la cara de tía Polly se disipó la preocupación, y sin saberlo vino en ayuda de su sobrino. 79 Preparado por Patricio Barros