TOM SOWYER Tom Sawyer - Mark Twain | Seite 78

Tom Sawyer www.librosmaravillosos.com Mark Twain impenetrable faz de Joe el Indio. En aquel momento la muchedumbre empezó a agitarse y a forcejear, y se oyeron gritos de « ¡Es él!, ¡Es él!, ¡Viene él solo!» -¿Quién?, ¿quién? -preguntaron veinte voces. -¡Muff Potter! -¡Eh, que se ha parado! ¡Cuidado, que da la vuelta! ¡No le dejéis escapar! Algunos, que estaban en las ramas de los árboles, sobre la cabeza de Tom, dijeron que no trataba de escapar, sino que parecía perplejo y vacilante. -¡Vaya un desparpajo! -dijo un espectador`. Se conoce que ha sentido capricho por venir y echar tranquilamente un vistazo a su obra...; no esperaba hallarse en compañía. La muchedumbre abrió paso, y el sheriff ostentosamente, llegó conduciendo a Potter, cogido del brazo. Tenía el citado la cara descompuesta y mostraba en los ojos el miedo que le embargaba. Cuando le pusieron ante el cuerpo del asesinado tembló como con perlesías y, cubriéndose la cara con las manos, rompió a llorar. -No he sido yo, vecinos -dijo sollozando-; mi palabra de honor que no he hecho tal cosa. -¿Quién te ha acusado a ti? -gritó una voz. El tiro dio en el blanco. Potter levantó la cara y miró en torno con una patética desesperanza en su mirada. Vio a Joe el Indio, y exclamó: -Joe, Joe! ¡Tú me prometiste que nunca...! -¿Es esta navaja de usted? -dijo el sheriff, poniéndosela de pronto delante de los ojos. Potter se hubiera caído a no sost enerle los demás, ayudándole a sentarse en el suelo. Entonces dijo: Ya me decía yo que si no volvía aquí y recogía la... -Se estremeció, agitó las manos inertes, con un ademán de vencimiento, y dijo-: Díselo, Joe, díselo todo... ya no sirve callarlo. Huckleberry y Tom se quedaron mudos y boquiabiertos, mientras el desalmado mentiroso iba soltando serenamente su declaración y esperaban a cada momento que se abriría el cielo y Dios dejaría caer un rayo sobre aquella cabeza, admirándose de ver cómo se retrasaba el golpe. Y cuando hubo terminado y, sin embargo, continuó vivo y entero, su vacilante impulso de romper el juramento y 78 Preparado por Patricio Barros