Tom Sawyer
www.librosmaravillosos.com
Mark Twain
rabona el día antes con el aire del que tiene el ánimo ocupado con grandes
pesadumbres y no está para hacer caso de niñerías. Después ocupó su asiento,
apoyó los codos en la mesa y la quijada en las manos y se quedó mirando la pared
frontera con la mirada petrificada, propia de un sufrimiento que ha llegado al límite
y ya no puede ir más lejos. Bajo el codo sentía una cosa dura. Después de un gran
rato cambió de postura lenta y tristemente, y cogió el objeto, dando un suspiro.
Estaba envuelto en un papel. Lo desenvolvió. Siguió otro largo, trémulo,
descomunal suspiro, y se sintió aniquilado. ¡Era el boliche de latón! Esta última
pluma acabó de romper el espinazo del dromedario.
76
Preparado por Patricio Barros