Tom Sawyer
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Mark Twain
-Bueno; pues aguarda y ya verás. Esa se muere: tan seguro como que Muff Potter
ha de morir. Eso es lo que dicen los negros, y ellos saben todo lo de esa clase de
cosas, Huck.
Después se separaron pensativos.
Cuando Tom trepó a la ventana de su alcoba la noche tocaba a su término. Se
desnudó con extremada precaución y se quedó dormido, congratulándose que nadie
supiera su escapatoria. No sabía que Sid, el cual roncaba tranquilamente, estaba
despierto y lo había estado desde hacía más de una hora.
Cuando Tom despertó Sid se había vestido y ya no estaba allí. En la luz, en la
atmósfera misma, notó Tom vagas indicaciones que era tarde. Se quedó
sorprendido. ¿Por qué no le habían llamado, martirizándole hasta que le hacían
levantarse, como de costumbre? Esta idea le llenó de fatídicos presentimientos. En
cinco minutos se vistió y bajó las escaleras, sintiéndose dolorido y mareado. La
familia estaba todavía a la mesa, pero ya habían terminado el desayuno. No hubo ni
una palabra de reproche; pero sí miradas que se esquivaban, un silencio y un aire
tan solemne, que el culpable sintió helársele la sangre.
Se sentó y trató de parecer alegre, pero era machacar en hierro frío; no despertó