Tom Sawyer
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Mark Twain
admiración y envidia por el resto. Un pobre chico que no tenía otra cosa de qué
envanecerse dijo, con manifiesto orgullo del recuerdo:
-Pues mira, Tom Sawyer, me zurró a mí un día.
Pero tal puja por la gloria fue un fiasco. La mayor parte de los chicos podían decir
otro tanto, y eso abarató demasiado la distinción.
Cuando terminó la escuela dominical, a la siguiente mañana, la campana empezó a
doblar, en vez de voltear como de costumbre. Era un domingo muy tranquilo, y el
fúnebre tañido parecía hermanarse con el suspenso y recogimiento de la
Naturaleza. Empezó a reunirse la gente del pueblo, parándose un momento en el
vestíbulo para cuchichear acerca del triste suceso. Pero no había murmullo