Tom Sawyer
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Mark Twain
Capítulo 17
Los piratas asisten a su propio funeral
Pero no había risas ni regocijos en el pueblo aquella tranquila tarde del sábado. Las
familias de los Harper y de tía Polly estaban vistiéndose de luto entre congojas y
lágrimas. Una inusitada quietud prevalecía en toda la población, ya de suyo quieta y
tranquila a machamartillo. Las gentes atendían a sus menesteres con aire distraído
y hablaban poco pero suspiraban mucho.
El asueto del sábado les parecía una pesadumbre a los chiquillos: no ponían
entusiasmo en sus juegos y poco a poco desistieron de ellos.
Por la tarde, Becky, sin darse cuenta de ello, se encontró vagando por el patio,
entonces desierto, de la escuela, muy melancólica.
« ¡Quién tuviera -pensaba- el boliche de latón! ¡Pero no tengo nada, ni un solo
recuerdo! » y reprimió un ligero sollozo.
Después se detuvo y continuó su soliloquio: «Fue aquí precisamente. Si volviera a
ocurrir no le diría aquello, no... ¡por nada del mundo! Pero ya se ha ido y no lo veré
nunca, nunca más.» Tal pensamiento la hizo romper en llanto, y se alejó, sin
rumbo, con las lágrimas rodándole por las mejillas. Después se acercó un nutrido
grupo de chicos y chicas -compañeros de Tom y de Joe- y se quedaron mirando por
encima de la empalizada y hablando en tonos reverentes de cómo Tom hizo esto o
aquello la última vez que lo vieron, y de cómo Joe dijo tales o cuales cosas -llenas
de latentes y tristes profecías, como ahora se veía-; y cada uno señalaba el sitio
preciso donde estaban los ausentes en el momento aquel, con tales observaciones
como «y yo estaba aquí como estoy ahora, y como si tú fueras él...
y entonces va él y ríe así..., y a mí me pasó una cosa por todo el cuerpo... y yo no
sabía lo que aquello quería decir... ¡y ahora se ve bien claro!» Después hubo una
disputa sobre quién fue el último que vio vivos a los muchachos, y todos se
atribuían aquella fúnebre distinción y ofrecían pruebas más o menos amañadas por
los testigos; y cuando al fin quedó decidido quiénes habían sido los últimos que los
vieron en este mundo y cambiaron con ellos las últimas palabras, los favorecidos
adoptaron un aire de sagrada solemnidad a importancia y fueron contemplados con
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Preparado por Patricio Barros