Tom Sawyer
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Mark Twain
En la galería hubo ciertos ruidos que nadie notó; poco después rechinó la puerta de
la iglesia; el pastor levantó los ojos lacrimosos por encima del pañuelo, y... ¡se
quedó petrificado! Un par de ojos primero, y otro después, siguieron a los del
pastor, y en seguida, como movida por un solo impulso, toda la concurrencia se
levantó y se quedó mirando atónita, mientras los tres muchachos difuntos
avanzaban en hilera por la nave adelante: Tom a la cabeza, Joe detrás, y Huck, un
montón de colgantes harapos, huraño y azorado, cerraba la marcha. Habían estado
escondidos en la galería, que estaba siempre cerrada, escuchando su propio
panegírico fúnebre.
Tía Polly, Mary y los Harper se arrojaron sobre sus respectivos resucitados,
sofocándolos a besos y prodigando gracias y bendiciones, mientras el pobre Huck
permanecía abochornado y sobre ascuas, no sabiendo qué hacer o dónde
esconderse de tantas miradas hostiles. Vaciló, y se disponía a dar la vuelta y
escabullirse, cuando Tom le asió y dijo:
-Tía Polly, esto no vale. Alguien tiene que alegrarse de ver a Huck.
-¡Y de cierto que sí! ¡Yo me alegro de verlo pobrecito desamparado sin madre! y los
agasajos y mimos que tía Polly le prodigó eran la única cosa capaz de aumentar aún
más su azoramiento y su malestar.
De pronto el pastor gritó con todas sus fuerzas:
-« ¡Alabado sea Dios, por quien todo bien nos es dado!...» ¡Cantar con toda el alma!
Y así lo hicieron. El viejo himno Número Ciento 4 se elevó tonante y triunfal, y
mientras el canto hacía trepidar las vigas Tom Sawyer el pirata miró en torno suyo a
las envidiosas caras juveniles que le rodeaban, y se confesó a sí mismo que era
aquél el momento de mayor orgullo de su vida.
Cuando los estafados concurrentes fueron saliendo decían que casi desearían volver
a ser puestos en ridículo con tal de oír otra vez el himno cantado de aquella
manera.
Tom recibió más sopapos y más besos aquel día -según los tornadizos humores de
tía Polly- que los que ordinariamente se ganaba en un año; y no sabía bien cuál de
4
N. del T. En las iglesias protestantes se usan himnarios en los cuales los cánticos están numerados; el pastor
anuncia el número del himno y la concurrencia lo canta. Muchos de estos himnos (y por consiguiente sus números)
son tradicionales.
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Preparado por Patricio Barros