Tom Sawyer
www.librosmaravillosos.com
Mark Twain
última travesía de aquella noche. Al cabo de un cuarto de hora, que parecía eterno,
las ruedas se pararon, y Tom se echó por la borda del bote al agua y nadó en la
oscuridad hacia la-orilla, tomando tierra unas cincuenta varas más abajo, fuera de
peligro de posibles encuentros. Fue corriendo por callejas poco frecuentadas, a
instantes después llegó a la valla trasera de su casa. Salvó el obstáculo y trepó
hasta la ventana de la salita, donde se veía luz. Allí estaban la tía Polly, Sid, Mary y
la madre de Joe Harper reunidos en conciliábulo. Estaban sentados junto a la cama,
la cual se interponía entre el grupo y la puerta.
Tom fue a la puerta y empezó a levantar suavemente la falleba; después empujó un
poquito, y se produjo un chirrido; siguió empujando, con gran cuidado y temblando
cada vez que los goznes chirriaban, hasta que vio que podría entrar de rodillas; a
introduciendo primero la cabeza, siguió, poco a poco, con el resto de su persona.
-¿Por qué oscila tanto la vela? -dijo tía Polly (Tom se apresuró)-. Creo que está
abierta esa puerta. Claro que sí. No acaban de pasar ahora cosas raras. Anda y
ciérrala, Sid.
Tom desapareció bajo la cama en el momento preciso. Descansó un instante,
respirando a sus anchas, y después se arrastró hasta casi tocar los pies de su tía.
-Pero, como iba diciendo -prosiguió ésta-, no era lo que se llama malo, si