TINKUY 01 | Seite 153

la entraña punzante y amarga, la vi tenderse con ganas de seguir existiendo, y yo con ganas de morirme. Papá Pedro me quitó la escopeta, papá Pedro tenía la culpa acumulada en él; mientras mamá moría sin fuerza, todavía latía su corazón con sus últimos recorridos de sangre —Mamá, siento frío —fue la primera vez que lloré sin querer, maté a mi hermana de mentirita con una escopeta de verdad. Escapé entre grandes trope- zones largos, hacia una dirección ciega a mis sentidos, tan solo quería escapar de mí mismo, apenas escuché el último Roberto que mencionaron, los que me siguieron no pudieron llegar ni un poco a mi presencia, detuve mi andar en la oscuridad con la mirada fría hacia la luna, los zapatos acabados, seguí hacia las profundidades de la oscuridad, busqué un agujero sin fondo para caer en él, amanecí tendido en una huerta. Me socorrieron con comida, después de tomar conciencia no merecía seguir viviendo, quería morir sin que ningún ojo se apia- de, qué difícil es morirse cuando uno quiere, desperté en varias ocasiones con la idea de seguir caminado, la noche no tenía el valor de llevarme, regresé con el cuerpo temblado, con la culpa quieta, estaba perdido en el tiempo, en mi in- fancia que apenas había terminado, qué rápido es el paso que me atormenta en este recorrido, no era como le entendía al profesor, acaso ya estoy en la adultez. Mamá no se recuperó por completo de la caída con el caballo y lo rema- té con ésta, volví sin las esperanzas puestas, apenas divisé la tierra completa, una multitud seguía la marcha, pero el muerto tenía otra compañía, no maté a uno, maté a dos, ¡maté a dos! ¡Tengo que matar a todos para que todo vuelva a empezar! ¡Los mundos no dejaban de caerse! ¡Esto nunca se había planeado! ¡Esto nunca sucedió! ¡Esto era una burla a mis sentidos! ¡Quién decidió por mí! ¡Maldita la vida! ¡Maldito todo lo que existe! ¡Maldito…! No recuerdo qué sucedió después, la oscuridad me invadió por comple- to, lo que sabía es que desde ese momento no tenía contacto con ningún pobla- dor de la zona que me vio nacer. Papá Pedro había vendido todos sus terrenos, la casa estaba fría, se me abrió un sentimiento de pena. He atinado bien, tengo mis ojos fijos, voy en camino. Le seguí los pasos a Felipe, él había tenido el cargo de alcalde alguna vez, muchos le pidieron que sea padrino de sus hijos, no había duda que el sacaría de ruinas a mi papá. La oscuridad se asomó, aseché cada