movimiento, tuve que ser lo más silencioso, cogí una piedra firme, no me im-
portaban si las arañas trepaban, de un salto quebré su respirar, le ayudé a morir,
los perros apenas alertaron, era raro, no me temblaba la mano, busqué el dinero,
mis ojos jugaban fuera de su órbita, los cajones contenían zapatos viejos, levan-
té el colchón y salí disparado. Con esto papá Pedro va a estar bien, es una forma
de pagarle, mi sonrisa se dibujaba de manera forzosa, lo escondí debajo de la
bicharra, papá Pedro había cocinado, seguía caliente la tullpa 1 , no me parecía
suficiente las monedas. Me fui al lugar del que tanto hablaban, cogí todo lo que
era necesario, sin saber cómo era el otro mundo, no recuerdo qué comí los días
anteriores, que tanta luz brotaba de la tierra, di como tres vueltas por una calle,
la pared era alta, pero no tanta para mis intenciones, estas personas se vestían
muy bien, trepé con la poca fuerza que me quedaba, tenía la luz prendida, salté,
los perros corrieron hacia mí, un disparo se les adelantó. Sentía lo mismo que
Luzmila, me sentía feliz por verme en ella, por acabar en una oscuridad como
esta, estamos muertos de la misma manera, tú de día y yo de noche; tú en las
chacras de la tía Florinda y yo en el otro mundo entre las fauces caninas. Sé bien
que me entenderás y los demás perseguirán mi alma endemoniada. No conozco
la tranquilidad, ahora soy bestia en todos los rincones, persiguiendo o buscando
lo que escondí, porque la memoria tenía que guardar el lugar, porque ese ser
extraño viene hacia mí y yo ya no tiemblo, ¿no es el caballo Teodoro?, murió
en los carnavales, en las quebradas donde las piedras filudas lo esperaban y lo
enterraron como si fuese humano, con todas las herraduras.
La noche hoy es más negra, sigo estando tendido en la repisa con los
ojos pegados a las afueras y ese caballo que viene entre sombras, un pequeño
jinete sobre él, se paró en las puertas de la casa. Su piel es seca, se le miran sus
tendones, tiene los pies firmes en la tierra, no tiene nariz, y sus ojos hundidos
tratan d e buscarme, se dirige hacia la cocina, escarba toda la bicharra hasta dejar
regado las monedas, dejar bien tendidas a la vista, en ese instante supe que era
yo y regresé antes que se acabe la luna, desde esta profundidad ya no me dejan
describir lo que veo, porque de tener memoria es la de ustedes, no es incumben-
cia nuestra, nosotros no jugamos a recordarnos.
1 Cocina improvisada.