— Aquí te quedarás cuidando la carga, si alguien quiere robarte sólo grita y yo saldré.— Está bien hermano, aquí me quedo. Cuando los dueños partían comenzaba nuestro desafío, debíamos de ser muy rápidos para escapar de los perros, las piedras y en casos extremos de escopetas furiosas que se quejaban por pisotear la chala y destruir la chacra.
De diez en diez mi hermano traía los choclos, yo me arrastraba para rebuscar algo en el canto del camino. Nunca nos había ido tan bien como aquel día; teníamos el saco repleto de choclos. Entonces el sonido de una escopeta interrumpió mi alegría.—¡ Salgan! ¡ Salgan! Soltaron a los perros— gritaban. Desesperada me arrastré hasta nuestra carga, traté de amarrar el costalito.— Están tirando piedras y lanzando tiros al aire … ¡ Váyanse!— gritaban desde el fondo. Mis latidos eran cada vez más fuertes y mis ojos buscaban a mi hermano entre los que salían.—¡ Juan! …¡ Tuliwan Juan 9!— gritaba con todas mi fuerzas. Como podía me arrastraba para buscarlo. La gente corría cuesta arriba y nadie quería ayudarme.— Juancho … ¿ Dónde estás? ¡ Juancho! Del fondo de la chacra una voz testimoniaba que una piedra había golpeado en la cabeza a un joven y que éste había caído al río.— Tú hermano ya no podrá salir. Me arrastré y me arrastré hasta llegar al camino. Desconsolada y sin fuerzas, para seguir avanzando, me incliné ante un árbol a esperarlo.— Él nunca me dejaría— repetía instintivamente entre lloriqueos … Después de tanto esperar y que la lluvia y el sol carcoman mi rostro, una familia que pasaba con su camioneta me llevó con ellos … … Pase cinco años retornando al mismo lugar donde me dejó. Nunca volví a ver a tu tío.
9 Hermano Juan.